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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Contagios, libros de historia y revoluciones

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía08-04-0111

Esta semana he terminado de leer La caída de los gigantes, de Ken Follett. Para quienes no lo sepan, precisaré que la historia está ambientada en la época de la Primera Guerra Mundial, y sus personajes viven de cerca la evolución de los acontecimientos desde países como Estados Unidos, Alemania, Rusia y Reino Unido. Página tras página me ha perseguido con este libro una sensación curiosa. Cuando estudiaba historia en el Bachillerato y en la facultad, todas aquellas cuestiones de bolcheviques, reparaciones de guerra, revoluciones y trabajadores que luchaban por sus derechos me sonaban a algo muy viejo, algo que había quedado enterrado por el progreso y la tecnología de esta sociedad que miraba hacia el tercer milenio. Pero ahora, leyendo los hechos novelados y en estos tiempos inciertos en los que no tenemos más remedio que sobrevivir, no me parece que estemos tan lejos aunque haya pasado casi un siglo. Sigue habiendo guerras, como la de Libia, en la que las potencias se involucran una tras otra, como fichas de dominó; los ciudadanos persisten en su descontento, la economía no marcha bien y, aunque nos suene a chino la hiperinflación que tuvo que soportar la república de Weimar, todavía existen países en el mundo con problemas similares. También hay hartazgo respecto a la clase gobernante y en las calles, como acaba de ocurrir con el movimiento Juventud Sin Futuro, la gente se manifiesta y pide cambios. Se podría decir que en la primera mitad del siglo XX se gestó la globalización tal como la entendemos. Ya entonces lo que ocurría en un estado terminaba repercutiendo, más pronto o más tarde, en los demás. En 2011, este proceso es infinitamente más rápido, y las circunstancias evolucionan aceleradamente: si hasta hace poco corríamos el mismo riesgo de necesitar un rescate económico que Portugal, ahora resulta que España se ha convertido en el dique que contendrá la marea. Pues mientras nos sentamos con los pies colgando, mirando al abismo que se extiende al otro lado de ese dique, yo abriría un libro de historia –pero no de la Guerra Civil, que es lo único que parece estar de moda en este país últimamente, sino de historia del mundo contemporáneo- e intentaría exprimir las enseñanzas del pasado para aprovecharlas en el presente. Quién sabe si la época que nos ha tocado vivir no será tan convulsa, a su estilo, como aquellos años de entreguerras que tanto marcaron el devenir de la humanidad durante varios decenios.

Fotografía de Gema Diego