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ROJO SOBRE GRIS

Juana, mi Heart Burger Queen

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
Opinión27-03-0111

Es que últimamente me salen algunas cosas en inglés, y no porque lo hable con precisión bilingüe, de hecho no sabría traducir con exactitud lo que significa exactamente Heart Burgen Queen. En cualquier caso, su nombre es Juana. Chaparrita. Melena larga, lisa y negra. Boca grande, dientes blancos, algo separados entre sí. Ojos pequeños y chispeantes. Negros también. Sonriente. Naturalmente sonriente. ¿México? ¿Ecuador? ¿Venezuela? No sé. No he llegado a preguntárselo. Npo acierto aún a distinguir acentos... Cuidadora de día, asistenta de tarde. Más o menos. Hablábamos de esos ambientes laborales duros y difíciles, cuando se hace densa la crítica y uno quiere huir para no contagiarse pero ya no puede más y acaba soltando toda la munición acumulada. Analizábamos cuánto nos intentamos justificar desde lo justificable de esa actitud, pero lo fríos, secos y amargados que nos quedamos al final a pesar de las razones objetivas que tuviésemos. Debe de ser algo parecido a la venganza. En el fondo hay un deseo ardiente de hacer justicia, de darle a cada uno lo que merece, de poner las cosas en orden. El resultado sigue siendo el desorden, la tristeza. Un vacío. Lo que podemos hacer de verdad para restaurar el bien en esas situaciones significa una renuncia demasiado grande: renunciar a uno mismo. Y entonces habló Juana. "Eso me recuerda -dijo- a lo que me ha pasado con el hijo de la señora para la que trabajo". Yo no conocía a Juana de nada. No sabía qué hacía ni a qué se dedicaba. Era la primera vez que hablaba con aquellas personas. "Tiene 15 años. Se mete en su habitación y pone la música heavy metal a todo volumen. Yo no lo soporto. Cuando su madre no está, la ponía más alta", nos contaba. Juana se lo pidió un día. Le pidió que por favor bajara el volumen de la música. "Él ya sabía que a mí me molestaba muchísimo. Y no quería decírselo otra vez". Así que Juana ¡qué sabia! empezó, sencillamente, a quererle. "Sé que le gustan las hamburguesas. Un día que salí, antes de volver a casa, le compré una". Ahora la música suena, pero a un volumen razonable. Juana no sabe explicar muy bién qué relación tiene es experiencia que cuanta con tanta alegría con el tema del que veníamos hablando: "Es que me he acordado", dice "al oíros hablar de eso". Pero sí, Juana, no es sólo que te hayas acordado por casualidad. Es que hay una profunda relación entre las dos cosas. Es que, en el fondo, cuando no soportamos a alguien, cuando tenemos hasta motivos fundados para echarle en cara su desfachatez, su falta de responsabilidad, de sensibilidad o su falta de lo que sea, anteponemos nuestras razones a lo que verdaderamente podría cambiar esa situación radicalmente. Y es lo que haces tú, Juana: olvidarte de ti, dejarte de susceptibilidades y de ofensas, por muy verdaderas que sean, perdonar por adelantado y dar un paso al encuentro de lo que el corazón de ese adolescente pide a gritos: que le demuestren que no es insignificante, que con él es mejor el mundo, que sabes cuánto le gustan las hamburguesas... que sabes quién es. Y que le quieres. Juana, mi heart burguer queen. A tu sencillez, humildad y sabiduría, rojo sobre gris.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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