ROJO SOBRE GRIS
Razones invisibles

Por Amalia Casado
2 min
Opinión21-03-2011
Me decía un amigo: si voy a cenar a tu casa y has quitado el árbol de Navidad, me voy. Fue hace tres semanas. Pero por fin, ¡por fin! esta semana hemos devuelto a su caja de hibernación a nuestro querido pino con sus lazos, luces y adornos. No sé cuánto tiempo tardaremos en bajar la caja al trastero: quizás llegue diciembre con sus fríos y sus prisas, y nuestro árbol aún duerma el sueño de los justos en la entrada de casa... En varias ocasiones, gracias a este vivir fuera del tiempo regular, en un desorden de estudiante en casa alquilada, en un caos de recién casados -a ratos un poco más que divertido, y a ratos un poco menos que exasperante- he recordado en varias ocasiones una anécdota que me contó este amigo al que tanto le gustaba ver el árbol de Navidad fuera de fecha luciendo en mi salón. Se trata de un matrimonio que, arruinado por la quiebra de la empresa familiar, se traladó con poco más que lo puesto creo que a Paraguay. Tenían hijos. Dos, me parece recordar. Aquellas primeras Navidades en el nuevo país no había para mucho, y los Reyes Magos con sus cajas de sorpresas tardaron en llegar... unas cuantas semanas. Están visitando a a otros niños -les decía la madre-, pero vendrán. Vendrán cuando los niños más tristes tengan sus juguetes. El día menos esperado, habrán llegado. Durante semanas permaneció el árbol de Navidad en aquella casa, recordando a los niños que, en el fondo, eran unos privilegiados. Y durante todos aquellos días, se levantaban con la ilusión de que podría ser aquella la mañana fantástica en la que, por fin, los niños que más cariño necesitaban del mundo habían recibido sus regalos. No es lo mismo sobrevivir que vivir, y la diferencia es tener razones para seguir adelante, aunque sea resistiendo con creatividad e imaginación en medio de las dificultades. Lo ando pensando desde que vi el conmovedor anuncio que la Conferencia Episcopal Española ha preparado para la Jornada por la vida del próximo 25 de marzo. Un anuncio para todos, ni ofensivo ni reactivo ni reaccionario. Sencillamente delicioso y emocionante. Rojo sobre gris para esta campaña, porque aunque a veces no tengamos las palabras justas, tenemos razones... razones que se sienten, razones invisibles, razones para vivir. Tan apasionante como un anuncio de Coca-Cola. No te lo pierdas: www.siemprehayunarazonparavivir.com
Seguir a @AmaliaCasado

Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






