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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

La Luna más grande

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad20-03-2011

Se maravilla el mundo ante la belleza de la Luna más grande en dos décadas. Se asombra el hombre mientras piensa que el espectáculo al que asiste se debe a él, sin tener en cuenta que es él infinitamente más pequeño que el satélite terrestre. La Luna brilla blanca, con sus cráteres perceptibles casi al tacto de los dedos y su influencia palpable en el vals que han bailado las mareas. A la Luna de Valencia las Fallas, se quemaban esas esculturas de papel y madera que parodian lo peor y lo mejor del año que acaba con la inminente llegada de la primavera. Brilla la Luna mientras los aviones de guerra encienden resplandores de fuego y desastre sobre la ya desastrosa Libia de Gadafi. Dicen los mandatarios que atacan para lograr la paz. Pero la definición de un concepto se agota en el otro, como se evapora la cordura en ese Calígula contemporáneo, borracho de poder, que quizás crea también que, como el clásico, habla con la Luna. Quemará a lo Nerón su Roma mientras se aferra a su ombligo mientras a la vez que sus compatriotas sufren calamidades. Hay calma tensa en esta noche del 19 de marzo en la que brilla en el cielo eso que algunos han llamado superluna. Calma chicha, de llantos en silencio a lo nipón, con Japón tan lejos, como apartada del foco mediático de Occidente parece estar la población que sufrió el terremoto y el tsunami posterior. A miles de kilómetros del epicentro del seísmo importan más las fugas radiactivas, el debate sobre la energía nuclear y el precio del petróleo, más que los nipones se hayan quedado sin casa y sin recuerdos, pasen hambre y frío y no encuentren ni los cadáveres de los suyos. La cifra de muertos y desaparecidos va en aumento, como esa Luna espectacularmente creciente que llena la noche preprimaveral del mundo. Es bella esta Luna del 19 de marzo en el horizonte despejado, aunque a ras de suelo siguen las historias del paro y la pobreza. En España Cáritas se queja de que a los inmigrantes a los que atiende esta ONG católica se les pide explicaciones. Estar en un país sin papeles es falta, no delito. Peor es, seguramente, mirar hacia las injusticias que se cometen en muchos ámbitos y quedarse embelesado ante la mágica luz de la Luna, la misma que ha permitido a cientos de seres arriesgar su vida en una triste embarcación para dejar atrás el África que estos días, además de la luz del satélite, se ciega con el resplandor de la guerra. Menudo espectáculo para que el mundo se maraville.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

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