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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

La herida de Japón

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad14-03-2011

El mundo, para sentire vivo, necesita el dolor. Las revueltas árabes han golpeado el orgullo de una sociedad presuntamente desarrollada en la órbita del negocio del petróleo. Gadafi se vende caro en Libia provocando barbaridades humanitarias y el crudo aumenta su precio que acaba notándose en forma de pegatinas en las carreteras españolas. Podría explicarse con aquella teoría del efecto mariposa. Cuando uno estornuda en un lugar del planeta, se genera un devastador huracán en otro rincón del mundo. El terremoto del 11-M en Japón ha hecho tambalear el orgullo del ser humano. Las dimensiones de esta tragedia superan cualquier previsión. Y la sociedad internacional las encaja con mayor dificultad porque sus inquilinos se sienten vulnerables. Japón duele. Y duele por lo imprevisible que ha sido su desastre. Porque esta vez no ha sido el hombre el que ha ideado y apretado un botón, como en aquella otra tragedia que se rememora estos días en los titulares de la prensa, la de la Guerra Mundial. Japón duele porque es una sociedad avanzada, no como el Haití que a duras penas sobrevive a los escombros de otro gran temblor de tierra que tuvo lugar hace más de un año. Mientras aumenta el recuento de víctimas causadas por el terremoto y el tsunami posterior, en su cultura de la moderación y las maneras seguro que los japoneses agradecen y maldicen la obra del hombre. Los grandes rascacielos de construcción inteligente se tambalearon como cipreses, lo que impidió que se derrumbasen causando un mayor número de muertos. Pero el brutal movimiento sísmico ha puesto en entredicho la dependencia energética de los países desarrollados. El mundo mira a Japón, a su alerta nuclear, a su horizonte fantasma, a sus bolsas de divisas y a su inmediata necesidad de energía. Es la ley de la oferta y la demanda. Si parece no importar el desastre que vive la población Libia, o el que padecen millones de ciudadanos dejados de la mano de Dios en las múltiples crisis olvidadas que supuran en la piel del mundo, qué va a significar el desastre de Japón para el vanidoso y egocéntrico ser humano que aún elabora listas de los hombres más ricos del mundo: una piedra muy gorda en el zapato de la recuperación económica. Eso es lo que parece escaparse de la herida de Japón, dinero a chorros. Una pena.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo