ROJO SOBRE GRIS
Tiempo para lo nuestro

Por Amalia Casado
3 min
Opinión07-03-2011
Era una de esas tiendas preciosas, llenas de cosas bonitas donde sabes que siempre vas a encontrar algo especial; uno de esos lugares que te atrapan porque mires donde mires hay algo que te gusta, que te llevarías, que regalarías. Una lupa, un sombrero, una silla, un juego de ajedrez, un azucarero, un aparador, una lámpara, un monedero, una colcha, una bandeja... Buscaba un regalo especial. El mundo de las compras me marea. A veces me resulta hasta obsceno. Es un mundo de montones y de sobreabundancia que me provoca movimientos compulsivos: entro en una tienda, toqueteo aquí una cosa y allí otra, paso la mirada sobre todas ellas sin ver detenidamente ninguna como queriendo encontrar alguna que venga a mí. Y nada. Me persigue siempre una conciencia terrible: tenemos de todo, nada nos falta y nos sobra demasiado. ¿Para que voy a comprar otra cosa más? Por eso aquella tienda me resultaba especial. Cada cosa estaba colocada como para tener su lugar propio, sin tumultos, sin amontonamientos, como reconociéndole a cada objeto el espacio que necesita para que se revelara ese valor propio y único con sólo mirarlo. Resultaba fácil encontrar algo con lo que poder expresarle a la persona querida que es importante para ti, algo que parecía merecer la pena y ser comprado. Pero hace unos días entré. El sitio estaba como si hubiese sido asaltado por saqueadores. Estantes vacíos, cosas amontonadas y llenas de polvo. Me sentí como dentro de una película de ciencia ficción, de esas en las que el mundo ha sido destruido y sólo quedan pocos hombres intentando sobrevivir. Las mismas cosas que hacía días me hubiesen parecido maravillosas habían perdido su magia. Ya no hablaban. Estaban como muertas. Y lloré un poco. Intentaba hoy entender por qué, por qué me conmoví. En estos tiempos de crisis hay cosas que se rompen, empresas que quiebran, negocios que se cierran, personas que se quedan sin trabajo, familias que sobreviven con dificultad. Mucho sufrimiento. Resulta paradójico y hasta violento llegar a decir que momentos como éste son también oportunidad y ocasión única para volver a lo esencial. Creo que lloré porque descubrí dentro de mí a esa mujer superficial que llevo dentro aunque no me guste ir de tiendas, pero que se agobia por el miedo a defraudar si no da lo que cree que se espera de ella según lo establecido. Lloré porque me asustó por un momento que se pierda ese gusto y amor por las cosas bonitas pero inútiles. Y lloré, sobre todo, porque descubrí que las cosas inútiles son bonitas cuando, de alguna manera, tienen ese don de expresar lo más bello que se le puede decir a quien se ama: te quiero tanto que quiero estar contigo, estar presente donde estés, estar contigo siempre. Tiempo. Tiempo para lo nuestro. Tiempo juntos. Si amas, regala tiempo. Regálate. Querida hermana: mi mejor regalo es mi vida. Rojo sobre gris a todas las personas que me hacen desear tener una vida entera sólo para ellas; a todas las personas por las que creo que sí, que existe la eternidad, y que se trenza con esta vida de forma tan invisible como cierta.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






