ANÁLISIS DE ECONOMÍA
Otra vez para Alemania

Por Gema Diego
2 min
Economía23-01-0111
La historia tiene algo de perversa, sobre todo cuando nos quita la memoria y nos impone el tropiezo cíclico en los mismos errores. Han pasado cincuenta años y, salvando las distancias -antes se emigraba con un bocadillo y una muda bajo el brazo, y ahora cargamos con un ordenador portátil-, una oferta de la canciller alemana Angela Merkel está a punto de resucitar la corriente migratoria de españoles hacia el país germano en busca de mejores oportunidades que se vivió en la década de los 60, poco antes de que el desarrollismo franquista empezase a atenuar los complejos de España. A título individual, es de agradecer el gesto de Merkel: poco tiene que perder, y mucho que ganar, un profesional que lleva más de un año en el paro, o varios encadenando contratos temporales con bajos salarios; incluso uno al que, a pesar de demostrar denodadamente su valía, ésta no se le reconoce en la empresa privada o pública. ¿Que hay que aprender alemán? Nuestros padres y abuelos lo hicieron, al menos lo suficiente para apañarse; ¿no va a ser capaz nuestra generación, que ha estudiado carreras, másters y cursos hasta la extenuación? ¿Que hay que irse a vivir muy lejos? Pues tal vez no tanto. ¿Sería mejor quedarse en España, aunque sea fuera de la ciudad de origen de uno? Si tenemos en cuenta lo a menudo que se puede viajar en la época de las compañías de bajo coste y las horas que hay que invertir para cruzar España de una punta a otra -se tarda menos en ir de Berlín a Madrid que en ir de Cáceres a Barcelona-, quizás nos decantásemos por Alemania. Y si encima comparamos el número de horas efectivas que se trabajan en uno y otro estado, el resultado es que habría aún más tiempo libre para coger el avión. A título colectivo, la iniciativa de Merkel es un arma de doble filo: aspira a llevarse lo más joven, preparado y dinámico del mercado laboral español y dejar el panorama, ya de por sí es desalentador, convertido en un erial. Obviamente, no es lo mejor para una España que necesita un impulso desde la base para salir del agujero vaciarla de sus mentes pensantes. Pero cuando el hambre, o los pagos, o simplemente la sed de autonomía y reconocimiento, acucian, no hay cerebro que piense en el beneficio común, sino en el avance personal. Una pregunta: ¿Necesitará Merkel periodistas?






