ANÁLISIS DE ESPAÑA
La importancia de tener un discurso

Por Alejandro Requeijo
2 min
España03-01-2011
En los peores momentos, en las fases de mayor desesperación, es cuando la gente se vuelve hacia sus gobernantes buscando un guía que les transmita esperanzas para seguir luchando. Ante una guerra, ante una derrota, tras un atentado, a la hora de conquistar derechos, también en situaciones de gran depresión y crisis económica. Hay personajes que pasaron a la Historia por sus discursos. Fue Churchill quien ofreció a los británicos su sangre, su sudor y sus lágrimas ante la segunda guerra mundial. Fue Martin Luther King quien anunció un sueño que el tiempo poco a poco ha ido convirtiendo en realidad. Hasta Hitler logró con sus arengas embaucar a una nación que se sentía humillada por Europa. Cambian los formatos, los medios de comunicación, el acceso a la información... pero la clave es la misma. Basta con presentarse ante la gente con algo que decir, algo que aportar y ganas de cambiar todo aquello que deba ser cambiado. No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para encontrar ejemplos recientes. Qué hubiese sido de Obama sino fuera por su acierto a la hora de transmitir a los americanos otra manera de entender su papel de liderazgo en el mundo. O el mensaje de firmeza que llevó a Sarkozy al poder en Francia. En España también han habido grandes personajes con importantes discursos ya sea por su calado o por su oportunidad. Repasen la transición o el papel jugado por el Rey la noche del Golpe de Estado (hay quien ya pide que abdique para permitir a Don Felipe superar su particular "23-F" liderando la salida de España de la crisis). Desde hace mucho tiempo, los españoles se giran hacia sus líderes en busca de respuestas y lo único que encuentran es mediocridad. Todo el 2010 ha sido una constante ausencia de discurso, de ideas y hasta de voluntad para atajar la crisis. La mayoría de las medidas que ahora tanto defiende el presidente no partieron de él, sino de las imposiciones de fuera. No son por tanto ni socialistas, ni obreras, ni españolas. Siempre quedará la duda de saber qué hubiese hecho Rajoy, empeñado en pedir elecciones anticipadas como única solución. Si había quien se refería a Zapatero como "el presidente por accidente" tras el 11-M, Rajoy será el presidente por descarte. Porque el PSOE lo ha hecho muy mal y no hay otra alternativa. Da miedo. Hasta ahora, la determinación del líder popular a la hora de atajar situaciones no ha sido precisamente un ejemplo. La sublevación de Cascos en Asturias debe hacerle reflexionar una vez más. Los problemas no se solucionan dejándolos pasar. Esta es una muestra más de las consecuencias de no tener un discurso o compaginar varios de ellos. Si quiere ser presidente debe empezar a comportarse como los ciudadanos esperan de él. Con eso sería suficiente.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






