SIN CONCESIONES
En nombre del Padre

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión19-12-2010
Muchos recordarán con este título una gran película. En nombre del padre recibió siete nominaciones a los Premios Oscar. Resultó todo un éxito allá por 1993 y consagró al actor Daniel Day-Lewis como uno de los mejores de aquel momento. La historia narra la vida en prisión de un padre y un hijo acusados injustamente de haber cometido un atentado terrorista en Londres como supuestos miembros del IRA. El relato sirve, en realidad, para observar la difícil convivencia en la cárcel entre un hijo rebelde e impaciente y un padre creyente a la vez que profundamente racional. El diferente modo que tienen uno y otro a la hora de afrontar la injusticia les separa, aunque el tiempo acaba por limar las dificultades y les ayuda a conocerse mejor el uno al otro. La película me ha venido a la cabeza después de leer en Facebook una frase escrita por un compañero de facultad que está atravesando un momento complicado. "Hay una edad en la que regresa la admiración a los padres casi con la misma fuerza que en nuestra infancia", sostiene Roberto. Llevo tres meses dando vueltas a esa misma idea pero hasta ahora no había encontrado a nadie que la resumiera tan bien. Nuestros padres comparten pasillo en un hospital, así que el destino ha querido que nos reencontremos trece años después de que tejiésemos una pequeña amistad en el estudio de radio de la UFV. Roberto me lleva ventaja en edad y otras muchas cosas, pero ahora soy yo quien desde la veteranía del sufrimiento intento contagiar de consuelo a su familia. Efectivamente, hay un tiempo en el que nos separamos de nuestros padres y otro en el que regresamos corriendo a ellos con los brazos abiertos a pesar de que somos demasiado grandes para que nos levanten del suelo. Es el miedo a perderles o tal vez el arrepentimiento por habernos distanciado de ellos cuando crecimos en estatura y pensamos erróneamente que ya no les necesitábamos. En Navidad, cuando se reúne la familia, tenemos una fantástica oportunidad de demostrarles nuestro cariño y de darles gracias por tantas cosas que hicieron por nosotros. Pero en estas fechas, y especialmente en esta semana, tenemos que acordarnos más que nunca del gran Padre que a todos nos cobija. Es el Padre del universo, al que este mundo postmoderno parece dejar de lado como si fuera un adolescente y al que, antes o después, volverá la mirada necesitado del reencuentro con la fe. Así que, como dice mi amigo Roberto, es el momento de recuperar la admiración por nuestros padres, con mayúscula y sin ella. ¡Feliz Navidad a todos!
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






