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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Las mismas palabras del Papa

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad07-11-2010

"¡Pero abuela despierta, que el Papa es de tu quinta y ya se ha dado una vuelta por Barcelona!". Así amaneció el primer domingo de noviembre en la casa de Magdalena, una de esas señoras que acostumbran a ver la misa por televisión y que tunean las paredes de su casa con el santoral al completo. Quizás Magdalena no entienda la base teológica del profesor y papa Ratzinger, y se quede más con lo anecdótico de sus zapatitos rojos, su gusto por probarse los sombreros más variados o por atreverse a lucir la capa de peregrino en la ciudad donde se supone que está enterrado el Apóstol. Dirá la abuela Magdalena que Benedicto XVI se ha disfrazado una vez más, pero ella le atiende sin parpadear mientras reza por lo bajinis y moja pan en el café con leche. Pues resulta que el Papa, a pesar de su dialéctica ordenada y sus frases largas, va y siempre dice lo mismo. Y resulta que, mientras reza y toma el café, Magdalena y los muchos millones de católicos que hay en el mundo le siguen entendiendo. Viaja Ratzinger a España y sin aterrizar en la Tierra de María -por algo se llamará así- muestra su preocupación por el aumento de la laicidad. Lo más gracioso es que a los que lo defienden les irrita escuchar la verdad de boca del Papa. Va Benedicto XVI y recuerda que la fe que originó el Camino de Santiago es todo un "patrimonio espiritual", una fe que "en los albores del cristianismo llegó a estas tierras y se enraizó tan profundamente que ha ido forjando el espíritu, las costumbres, el arte y la idiosincrasia de sus gentes". Y va el Papa y pega otro tirón de orejas: "Preservar y fomentar ese rico patrimonio espiritual, no sólo manifiesta el amor de un país hacia su historia y su cultura, sino que es también una vía privilegiada para transmitir a las jóvenes generaciones aquellos valores fundamentales tan necesarios para edificar un futuro de convivencia armónica y solidaria". La abuela se quedará con el titular que a su modo obtenga, mientras se preocupa por que sus nietos no se alejen de eso en lo que ella tanto cree, aunque no sepa explicarlo -ni entenderlo- al modo de San Agustín. Magdalena sabe, en su humilde casi analfabetismo, que tiene razón ese anciano que viste de blanco y lleva zapatitos rojos, que se puede ser peregrino de distintas lenguas, pero que también hay un lenguaje con el que pueden entenderse todos. Y eso es lo que no quieren entender los que hacen pereza todos los días tapándose con las sábanas para no ver a Dios. Pero, mal que les pese, el Papa volverá el año que viene a España. Dirá lo mismo con otras palabras y lo entenderá hasta la abuela que reza mientras toma café. Sólo hay que querer escuchar.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

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