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SIN CONCESIONES

Zapatero y Benedicto XVI

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión08-11-2010

Por una vez defenderé a Zapatero. Le han criticado mucho en la última semana por su ausencia en las celebraciones del Papa en Santiago de Compostela y Barcelona. Ha recibido toda clase de reproches por no estar presente en las misas de Benedicto XVI. Parecía que era por su habitual laicismo y radical anticlericalismo. Puede que así fuera. Pero había un motivo más importante: los abucheos. Apenas hace un mes que Zapatero sufrió un grandísimo bochorno en la Fiesta Nacional. Miles de asistentes al desfile militar silbaron al presidente del Gobierno y pidieron a gritos su dimisión. El Ejecutivo tachó de ultraderechistas a los que osaron protestar y la ministra Carme Chacón amenazó con crear un protocolo antiabucheos que prohibiese por ley cualquier gesto contra el Gobierno en actos oficiales como el del 12 de octubre. Zapatero no podía permitirse otro sonoro abucheo en menos de un mes. Seguro que este fue el verdadero motivo de su ausencia en Santiago de Compostela, donde los miles de peregrinos sí aplaudieron y ovacionaron a Mariano Rajoy cuando hizo entrada en la Plaza del Obradoiro. El presidente del Gobierno no podía arriesgarse a que el rechazo social de los ciudadanos volviera a ponerse de manifiesto y, por eso, mandó a José Blanco a Galicia y a Alfredo Pérez Rubalcaba a Barcelona. Zapatero prefirió verse con el Papa en privado, en un salón cerrado y protegido de los silbidos de la plebe. Malo hubiera sido para el PSOE que abuchearan a Zapatero en Santiago de Compostela. Pero para los socialistas catalanes hubiera resultado toda una hecatombe que el pueblo barcelonés protestara contra su líder nacional a sólo tres semanas de las elecciones autonómicas. Así que Zapatero hizo bien en evitar riesgos e irse a Afganistán como excusa para no recibir a Benedicto XVI a su llegada a España. Puede que a Zapatero realmente no le apeteciera demasiado dar la bienvenida a Su Santidad al pie del avión. Ya sabemos que su relación con la Iglesia católica deja mucho que desear. El mismo Zapatero que en su viaje a Oriente Próximo entró en una sinagoga judía y rezó en una mezquita musulmana es incapaz de santiguarse en una catedral cristiana. Presume de laicismo pero lo suyo es un anticlericalismo aberrante. Desprecia todo lo que tiene que ver con la Iglesia sin prestar atención a nuestras raíces. El mismo presidente que reclama memoria histórica se comporta como los políticos más radicales de la Segunda República. El propio Benedicto XVI lo puso de manifiesto antes de llegar: "Es verdad que en España nacieron una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo, como pudimos ver precisamente en los años treinta. Esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, ha vuelto a reproducirse de nuevo en la España actual". Es triste que algunos traten de resucitar en pleno siglo XXI el mismo clima antireligioso de hace 70 años. Espero que no hayan olvidado cómo acabó aquello. Tampoco deben de tener en cuenta lo mucho que la Iglesia hace por el país y por el mundo en colegios, hospitales, centros de acogida, orfanatos, parroquias, universidades, misiones en el Tercer Mundo, comedores sociales, residencias de mayores, etc. Cuando critican al Papa están atacando a los millones de creyentes españoles. No se dan cuenta de que la ONG católica Cáritas atendió el año pasado las necesidades de 800.000 personas por la crisis económica. Allí donde no llegan las administraciones públicas, está la Iglesia. Así que la próxima vez que Zapatero no quiera ver al Papa debería pasarse antes por cualquier centro cristiano y darse cuenta de aquello que infravalora y de aquellos a los que desprecia.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito