ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Sarkozy y el bien común

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional24-10-2010
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, está demostrando que es un político firme, responsable y con sentido de Estado. Seguro que no le hace ninguna gracia que su popularidad esté por los suelos, que le organicen manifestaciones contra sus decisiones y que las protestas le paralicen sectores tan estratégicos como el suministro de combustible. Pese a todo esto, Sarkozy sigue adelante con sus proyectos de reforma, que incluye ampliar la edad de jubilación desde los 60 hasta los 62 años. Lo hace porque está convencido de que es lo necesario para la supervivencia del estado de bienestar del que disfruta el país. Es cierto que a nadie le gusta tener que trabajar dos años más para jubilarse, que le bajen el sueldo o que le suban los impuestos. Sin embargo, hay que ir más allá y darse cuenta de que es mejor apretarse el cinturón ahora antes que arriesgarse a que la crisis económica se agrave y se desmorone todo el sistema. Entonces, si esto ocurre, ya no habrá que preocuparse por la edad de jubilación o por el recorte de salarios porque, quizá, no habrá trabajo ni dinero suficiente para pagar las pensiones y las prestaciones sociales. Ciertamente, en una sociedad cada vez más individualizada, es complicado que la población mire al futuro aplicando la visión del bien común. Por eso, es necesario que el Gobierno francés explique concienzudamente las reformas, haga pedagogía y, sobre todo, que dé ejemplo. Los políticos –incluidos los de la oposición– y las autoridades son los primeros que deben hacerlo porque, al fin y al cabo, son representantes del pueblo y del Estado. Cuando se prevén o llegan los problemas, es mejor abordarlos cuanto antes y buscar soluciones aunque sean impopulares, como hace Nicolas Sarkozy. Esta postura no es nueva en el mandatario francés, porque ya la aplicó cuando se enfrentó a los disturbios callejeros durante su etapa como ministro del Interior o recientemente con la expulsión de numerosos gitanos rumanos ilegales. Lamentablemente, a diferencia de Sarkozy, hay políticos que sólo se preocupan por salir en la foto, por maquillar la realidad y por aplicar medidas –a veces contradictorias– para contentar a todos. Y es que algunos dirigentes deben de pensar que como las repercusiones de las crisis duran bastante tiempo, es posible que ellos ya no estén en el poder dentro de unos años. Así que para qué preocuparse.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






