SIN ESPINAS
Hablar por hablar

Por Javier de la Rosa
1 min
Opinión10-03-2002
Esta semana hemos vivido en el Congreso de los Diputados otro episodio de esos que nos emocionan tanto como nos denigran. Insultos de unos a otros, requiebros a la verdad de unos más que de otros, amor propio, orgullo, soberbia. Todo puesto al servicio de no se sabe qué dinámica perversa, que se topa siempre y pronto con el límite de la frustración por la omisión. Por irrealizarse, por dejar de hacer lo que hay que hacer. Y al final, ¿qué has conseguido después de llamar “nazi” o “basura” al que tienes enfrente? ¿Reforzar su personalidad, su aguante, su seguridad personal? ¿Y tú, con menospreciarle? Todas las guerras son estériles. No tienen frutos, si por fruto se entiende algo rico, provechoso, bueno... Una de las más importantes batallas por librar es convencerse de ello. Ninguna razón justifica una guerra aunque muchas la expliquen. ¿Por qué malgastamos nuestras vidas en eso? ¿Por qué invertimos en un valor tan poco rentable para nuestra felicidad y la de los demás? ¿Qué clase de ignorancia nos lleva a tan yerma empresa? Los políticos y los periodistas somos los más charlatanes, perdemos el tiempo en discusiones bizantinas y volvemos al pasado para obstruir el futuro. No muchos tienen la oportunidad de hacer hablando y vivir de ello. Por eso, hora es ya de que hagamos hablando de una vez en vez de hablar, hablar y hablar...






