CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
El particular universal

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión10-03-2002
Fue la semana más sangrienta hasta que llegó esta semana. Récord sobre récord. Tan espectaculares como los de Operación Triunfo, pero mucho más tristes, son estos de Oriente Próximo. Difícil arte, este del periodismo, de mostrar cada semana la misma desagradable realidad desde distintos ángulos. Ya lo envidiaba del Duero Gerardo Diego: “Quién pudiera como tú, a la vez quieto y en marcha, cantar siempre el mismo verso, pero con distinta agua”. “Mi ordenador tiene muchos programas espía que me ha instalado el Audiogalaxy”, me dice, consternada, una amiga. No leyó mi advertencia sobre el ‘Kazaador’ cazado de la semana pasada. Da igual el programa en concreto: siempre el oficio de pirata es romántico hasta que es la intimidad de uno la que es pirateada. Verdad universal escondida de noticia en noticia particulares. Si es que en lo más íntimo de cada uno se encuentra lo más universal de todos, revela Juan Ramón Jiménez. Más de lo más de lo mismo releo del juicio de Microsoft esta semana, como escuchaba las carcajadas de doblones de oro de Gates desde hace muchísimas semanas. Da igual el juicio particular: siempre el dinero y la paciencia lo pueden todo en un quebrado Occidente. Ya prohibieron el alcohol el los años 20 en Estados Unidos y lo hace ahora un Gallardón Caballero. Da igual la circunstancia presente o pasada, es universal la tragedia que nace de cortarle las alas al libre espíritu humano, cuando lo que debemos hacer es enseñarle a volar. Aconseja Rilke en sus Cartas a un joven poeta que no hagamos poesía de los grandes temas universales. Que hagamos poesía de lo cotidiano, cercano, íntimo y particular. Qué bien sabía que los temas abstractos poco tienen de humanos, y que sólo en lo particular se descubre el universal. Y aquí sigo, semana a semana, contando anécdotas particulares y diferentes, pero siempre iguales. Con la humildad dolorosa del buen periodista que quiere mejorar el mundo sabiendo que la victoria no depende sólo de uno, alargando tímidamente la mano y pidiendo: Hagamos un trato.






