EL ANÁLISIS DE LA SEMANA
Ciegos

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad10-03-2002
Fueron a una fiesta, a ¿divertirse?. Ahora sus padres piden responsabilidades a los organizadores del acontecimiento que congregó en Málaga a miles de muchachos, donde hubo más asistentes que sitio, donde se vendieron pastillas y donde la música sonó hasta la mañana siguiente. Ninguno de los dos jóvenes fallecidos ha muerto por exceso de aforo en el pabellón, ni por insomnio. Los análisis muestran que fue la droga, que era demasiado buena, según los laboratorios de toxicología. La cultura de las pastillas y el botellón es una realidad ya vieja. Muy pocos han querido verla. Muy pocos han aportado soluciones creíbles. Muy pocos se han señalado a ellos mismos como primeros responsables del desastre. Los jóvenes cada vez consumen alcohol y drogas más pronto. La Comunidad de Madrid les ha prohibido hacerlo hasta que no tengan 18 años. También ha prohibido que se lo vendan en ciertos locales. No han faltado las críticas. Ni las felicitaciones, según qué ojos con los que miran, si es que ven. Es lo mismo pero no es igual. Como con el Plan Hidrológico Nacional: En Aragón los ojos se inundan de lágrimas porque tendrán menos Ebro mientras en levante las miradas se refrescan porque habrá más agua. Como en el Protocolo de Kioto: Estados Unidos no quiere ver lo que contamina mientras el mundo no puede ver ni respirar de tanta contaminación que hay en el ambiente. Quizás los poderosos tendrían que operarse de cataratas. La operación más complicada siempre parece ser la que tiene que sajar los valores con el bisturí. Los irlandeses han acudido a las urnas cegados por unas explicaciones poco claras. Se debatían restricciones a la Ley del aborto. Las mujeres podrán amenazar con suicidarse si no abortan. ¿Podrán los niños amenazar con nacer? Será que el que no ha nacido es como el que no ve. Es poco claro el cristal que existe entre cultura y religión, valores sociales y creencias. Unas palabras de una ceremonia religiosa cualquiera pueden dar sentido al titular de este texto: “No hay más ciego que el que no quiere ver”. Pero en estas líneas siempre habrá respeto si ustedes lo ven de otra forma.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






