ANÁLISIS DE CULTURA
La cámara que buscaba el realismo

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura12-09-2010
Si hay un gran retratista de la sociedad francesa, ese era Chabrol. Hombre de mirada penetrante, con aires de Hitchcock a la francesa. No sólo rodaba películas, sino que regalaba de vez en cuando su interpretación al espectador. Y la semana pasada se marchó, pero dejó su aura y el presentimiento de que habrá pocos como él. Porque él fue capaz de dar con el puño sobre la mesa y poner en marcha un cambio drástico en materia de cine, y con el justo presupuesto. Porque por aquel entonces era difícil dar aires a la imaginación técnica, lo que provocó una gran frustración en más de un cineasta. Con la llamada Nouvelle vague y el Cahiers du Cinema como conductor, muchos creadores se atrevieron a abandonar el plató, la iluminación artificial, a adoptar el estilo cámara al hombro, y dar paso a las ligeras de 8 y 16 milímetros. El director lo seguía todo, la película brotaba de sus órdenes, la cámara era su pluma, y el rodaje se inundaba de improvisación, era, en fin, una inspiración creativa sin precedentes, donde las vivencias personales se quedaban plasmadas en la bobina. Pero eso sí, alejado de las modas de aquella época, donde el cine de autor estaba alejado de las viejas glorias francesas y más centrado en la manipulación de la imagen. Para el grupo de Chabrol, el cine era artesanal, y los protagonistas actores alejados de la alfombra roja. Una oleada de jóvenes cineastas pusieron el ojo sobre la condición humana en el contexto de la sociedad pequeño burguesa de la posguerra, pero en este despertar por el cambio se observa una ligera contradicción. Porque detestaban la industria cinematográfica francesa basada en métodos y trucos artificiales, pero por otro lado amaban a los directores más venerados de Hollywood: Hawks, Hitchcock o Fuller, entre otros. No sería apropiado decir que Chabrol siguió todas las pautas de esta alternativa artística, porque sí le dio el impulso a su carrera, que no su principal rasgo. Se va uno de los precursores del cine realista más personal, moral y creativo. Tramas simples, personajes complicados, ese era su lema. Se pierde otra forma de mirar la vida, con mucho sarcasmo e ironía, con pequeño acento burgués. El carnicero, Una historia de mujeres, La flor del mal son sólo alguno de los ejemplos de un cine que no sólo se queda en la retina.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






