SIN CONCESIONES
Jamás quemaría el Corán

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión13-09-2010
Loco, perturbado, fanático, radical, provocador, ultra... Le han llamado de todo. Y con razón. El pastor Terry Jones ha captado la atención de todo el mundo gracias a su idea completamente descabellada de quemar libros del Corán en pleno aniversario del 11-S. El Gobierno de Obama, el mundo islámico, la Unión Europea y el Vaticano se han echado encima de él para impedir semejante barbaridad. No es para menos. Hasta el Pentágono ha intervenido con el fin de evitar que el mundo árabe reaccionara de forma violenta. Su verdadera preocupación era que se repitiera otro atentado terrorista como el que hace nueve años tiró abajo las Torres Gemelas de Nueva York. Lo que menos le preocupaba era que ardiera algún ejemplar del libro sagrado de los musulmanes. Sólo les importaba el efecto que eso podría provocar. La única autoridad mundial que ha censurado el verdadero fin del pastor Jones ha sido el Vaticano. El Papa Benedicto XVI dio orden inmediata de salir en defensa de los hermanos musulmanes ante la violación que suponía quemar el libro sagrado de una religión. Lo mismo habría hecho la Iglesia católica si alguien osara convertir en cenizas la Biblia o la Torah de los judíos. Ha habido una unanimidad total contra Jones, que se atrevió a posar en su parroquia con una pistola en la mano y un cartel de la película Braveheart a sus espaldas, como si se creyese la reencarnación del personaje al que dio vida Mel Gibson y estuviera dispuesto a luchar hasta la muerte contra cualquier invasor. La comunidad judía de Estados Unidos también ha arremetido contra el solitario Jones. Hasta el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha rechazado su conducta y se ha sumado a la condena internacional. En Jerusalén conviven a diario las tres principales religiones del mundo y sus ciudadanos saben que los únicos enemigos son los violentos, recen lo que recen. Los tiempos de las cruzadas pertenecen a la Historia, aunque algunos se empeñen en resucitarlas confundidos por el fanatismo. El problema no es la fe, sino el radicalismo. Yo jamás quemaría el Corán. Prueba de ello es que, en mi casa, junto a un gran ejemplar de la Biblia hay otro del Corán. El episodio de enajenación mental de Terry Jones ha servido para educar al planeta en la tolerancia religiosa. Ojalá fuera así en todos los casos. Porque en China detienen y torturan a los sacerdotes católicos, en países musulmanes de Asia y el centro de África asesinan a los cristianos. Y hasta en las sociedades más avanzadas señalan con el dedo por ingenuos y discriminan a los que dicen creer en Dios. Musulmanes, judíos y cristianos están cada vez más unidos en el diálogo interconfesional mientras el laicismo -la nueva clase de radicalismo- intenta acabar por la fuerza de la ley con cualquier signo religioso. Por desgracia hay mucha gente como el pastor Terry Jones y debemos frenar a todos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






