SIN CONCESIONES
Jimmy Jump hunde Eurovisión

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión31-05-2010
Irrumpió en plena retransmisión televisiva del festival de Eurovisión. Saltó a escena en mitad de la canción española. Se coló como si nada en el centro del escenario y empezó a hacer el payaso delante del pobre Daniel Diges como si fuera otro más de los cuatro bailarines disfrazados que acompañaban al representante español. Ya sabrán ustedes que el espontáneo en cuestión tenía poco de improvisado, pues tiene la lamentable costumbre de interrumpir partidos de fútbol y otros espectáculos públicos para satisfacer su egocéntrico hobby. Le conocen como Jimmy Jump, aunque su verdadero nombre es Jaume Marquet Cotes. Es catalán, así que español por extensión. Hasta ahora su mayor éxito había consistido en pasearse por el césped del Camp Nou en pleno partido del Barça. Pero ya es conocido en todo el continente por su intento de boicotear la última edición de Eurovisión. Confiaba en que el tal Jimmy Jump se pasara las próximas semanas en una cárcel de Noruega, como le ocurrió a otro español -Juan López de Uralde- cuando en diciembre se coló a protestar en la gala para líderes mundiales de la cumbre del clima celebrada en Dinamarca. Yo pensaba que los nórdicos darían una lección, a su manera, al impresentable espontáneo para quitarle las ganas de volver a repetir semejante hazaña. Sin embargo, le han dejado en libertad tras multa de 1.800 euros. Parece que la broma de mal gusto le ha salido demasiado barata, especialmente si se compara con los 60.000 euros que -supongo- tuvo que pagar por saltar a un campo de fútbol. ¿De dónde saca el dinero para pagar tantas multas? Lo curioso es que su patochada ha salido en todas las televisiones e incluso algunos intelectuales de la pequeña pantalla han ensalzado a modo de atenuante que, gracias a Jimmy Jump, Daniel Diges tuvo la oportunidad de cantar dos veces su canción. Mientras tanto, los noruegos se flagelan avergonzandos de que se les colara un "lunático" durante la retransmisión. Ellos se sienten responsables mientras aquí se hacen bromas y comentarios jocosos por el comportamiento de uno de los nuestros. Parece el mundo al revés. Esta es la imagen que desde España exportamos al resto del continente. El concurso de Eurovisión resultó una metáfora real del país que tenemos. La calidad vocal y el gran esfuerzo de Daniel Diges quedó ensombrecido por un fantoche de la talla de otros mitos nacionales como El Chikilicuatre o la mismísima Belén Esteban. Aquí premiamos lo mediocre, hasta el punto de alzar dos veces en presidente del Gobierno a un inútil de las finanzas. A falta de libros y de sentido común, parece que sólo aprendemos a fuerza de golpes. Cuando nos damos cuenta de las cosas, ya es demasiado tarde para rectificar. En España caen bien los bufones, esos que alzan la voz más que nadie para decir tonterías y aquellos que sonríen como estrategia para ocultar su ignorancia. Aquí triunfan los que todo aparentan y nada hacen, porque siempre tienen detrás una corte de admiradores que adulan su ingenio -en lugar de su genio-. Así nos va entre masas de admiradores de la mediocridad. La brillantez suele generar rechazo por envidia, mientras que gente como Jimmy Jump o El Chikilicuatre causan simpatía de inmediato aunque dejen por los suelos a nuestro país.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






