¿TÚ TAMBIÉN?
El mejor filtro de Internet: la educación

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión30-05-2010
Es verdad que soy un apasionado de la revolución que ha supuesto Internet en nuestra vidas. Creo, no obstante, que no soy exagerado. Sencillamente, lo tenemos tan asumido que ya no nos sorprende. Pero basta que nos preguntemos cómo sería un día cualquiera de nuestra vida sin contar con los frutos de la revolución digital. El pasado miércoles, varios amigos quedamos para ir a un concierto de Jaime Cullum en La Riviera. ¿Qué quién es? Sencillamente, el mejor artista vivo de su especie. No necesito decir más: basta, querido internauta, que ponga su nombre en Youtube (mejor si añade “Festival de Jazz de San Sebastián”, para ir a tiro hecho a lo mejorcito de sus conciertos) para que pueda hacerse una idea de lo que digo. Algunos de mis amigos no conocían a Cullum, pero se pusieron al día sin esfuerzo gracias a Internet. Algunos llegaron al concierto sabiendo letras de canciones que quienes somos asiduos a Cullum no habíamos oído nunca. Otros, durante el mismo concierto, encontraron las letras para cantarlas al unísono con el artista. Ayer mismo le contaba a un buen amigo la noticia de un genial descubrimiento arqueológico: una sinagoga del siglo I en la ciudad que vio nacer a María Magdalena. Se quedó con ganas de saber más y, en pocos minutos, leíamos (y veíamos) juntos un montón de información sobre el tema a través de su móvil. Aprovechó el momento para saber, también en un minuto, cuantos movimientos sísmicos habían ocurrido ese mismo día en su querido Chile, donde trabaja desde hace algo menos de un año. Gracias, también, a Internet, nuestras respectivas mujeres hablan a menudo (y se ven por vídeo cámara) sin coste alguno, a pesar de que habitualmente las separan 14 horas de vuelo. Es verdad que la libertad de maniobra que asegura Internet no siempre es bien utilizada. También es verdad que los propios internautas trabajan en la elaboración de filtros de seguridad y de contenidos gratuitos, que tratan de facilitar la labor educativa de las familias. En todo caso, el problema no es Internet, sino el de siempre: el de la educación. El mejor filtro para Internet, y para la propia vida, es una buena educación. Los demonios no están nunca en las tecnologías, sino en el corazón de cada hombre, en el uso que deciden hacer de ellas. Así lo argumenta, con buen tino, un artículo también disponible en la Red, en el blog Análisis y Actualidad. El blog, por cierto, podrá gustarles o no, pero es un ejemplo más de cómo Internet permite abrirse al mundo a muchísimas personas que creen que tienen algo que decir, sin censura previa alguna. Son los propios internautas quienes han de decidir por dónde les merece la pena navegar. Internet es, por lo tanto, una herramienta poderosa, está en nuestras manos que ayude o no acidificar aquello con lo que todos, en el fondo, soñamos: ese lugar donde la vida se ensancha.






