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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

El próximo, que levante la mano

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía23-05-2010

La hecatombe griega, las medidas drásticas del Gobierno, los planes de ajuste en otros países europeos y la intervención del Banco de España en CajaSur ha creado en los últimos días un nuevo miedo entre ciudadanos, empresas y entidades de todo tipo. “¿Seré yo el próximo? ¿Seré yo?”, se preguntan cual apóstoles en torno a Jesucristo. Hasta ahora ya le ha tocado a los funcionarios, a los pensionistas, a los dependientes, a los futuros padres, a países como el nuestro al que los mercados han obligado a ponerse las pilas para no entrar en caída libre. Los ayuntamientos, que no van a poder endeudarse hasta las elecciones; las rentas ¿altas? y los patrimonios elevados; y quién sabe qué otra caja que no quiera avenirse a las fusiones que planean las esferas políticas serán, seguramente, los próximos elementos en sufrir de forma concreta las peores consecuencias de la crisis. ¿Y a quién más le va a tocar? Nos miramos de reojo por la calle, vigilamos de soslayo los bancos en los que tenemos nuestro dinero, intentamos anticiparnos a las ideas que pueden bullir en la cabeza de Zapatero, Fernández de la Vega, Salgado y compañía. Analizamos cada palabra de sus anuncios, a veces contradictorios, a veces vagos, para ver si nos ajustamos al colectivo que ponen en el punto de mira. Y no es justo. No es justo verse obligados a vivir en este estado del miedo en el que pagan las culpas los que no han causado el problema. Qué triste es que los gobiernos dispongan de un amplio catálogo de posibilidades para exprimir a los ciudadanos para sanear sus cuentas y no se atrevan -o no puedan- aplicar esas medidas drásticas a los especuladores, los mercados, las inversiones de alto riesgo y los usuarios de paraísos fiscales para obtener ese dinero que tanta falta hace. Si se empezara por ahí, a los ciudadanos no nos dolería tanto hacer ese esfuerzo que se nos pide; pero al final se salvan los de siempre, y a los demás se nos obliga a levantar la mano a la fuerza para inmolarnos voluntariamente tirándonos a las fauces de la crisis.

Fotografía de Gema Diego