SIN CONCESIONES
Pasión de Cristina en Seseña

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión05-04-2010
Terminaron las procesiones, las pompas a los santos, las homilías televisadas del Papa, las películas sobre los romanos, las torrijas y todas las tradiciones que nos hacían vivir la Semana Santa. La misa nocturna del sábado celebró que Jesucristo está vivo, que venció a la muerte y que resucitó para enseñarnos el camino a la eternidad. Los sacerdotes no han parado de predicar esa esperanza durante la Semana Santa, pero el mayor testimonio de fe lo ha dado alguien que no viste de negro ni porta alzacuello. El verdadero ejemplo de fe lo ha dado un padre de familia que vive en Seseña (Toledo) y que ha perdido a su hija Cristina. "Dios se la ha llevado". Esta es la explicación que Francisco Martín de la Sierra ha dado a su hija pequeña para explicarle que nunca volverá a ver a su hermana. La muerte de Cristina no ha sido precisamente voluntad de Dios, pues fue brutalmente asesinada por otros compañeros del pueblo. Es un nuevo y preocupante episodio de violencia juvenil que la familia ha aceptado con una entereza, un coraje, una fortaleza y una fe capaces de mover montañas. Saben que nunca más volverán a tener a su hija con ellos pero, dentro de la tristeza, están tranquilos porque Cristina está ahora junto a Dios. Están convencidos, además, de volver a reunirse con ella en el cielo cuando a ellos también les llegue su hora. Unos psicólogos especializados les asisten como ayuda para sobrellevar el trance, pero Francisco tiene perfectamentre superada la muerte de la pequeña gracias a sus creencias cristianas. Son casualidades o quizá señales. El nombre que los padres de Cristina eligieron para su hija hacía honor a la fe de la familia. Cristina es el femenino de Cristo, cuya muerte y resurección hemos conmemorado en Semana Santa, justo cuando ella ha muerto. Francisco sabe que la resurrección de su hija no es para esta vida, pero asume que es una realidad y que Cristina les espera en el paraíso. Su fortaleza recuerda a otro caso parecido, el de la pequeña Mariluz Cortés. Su padre, Juan José, demostró una enorme templanza cuando desapareció y cuando igualmente la encontraron asesinada. La razón de esa calma espiritual es la misma fe cristiana que ahora ilumina a la familia de Cristina. Hay otro elemento que les une: ambas piden Justicia. Quieren que los responsables de la muerte de sus hijas sean condenados conforme a la legislación vigente y paguen en prisión el crimen cometido. Ellos reclaman la justicia terrenal, aunque también confían en otra justicia que no es de este mundo. La Justicia es la base de la convivencia cívica, de la democracia y del bien común. No le devolverá la vida ni a Cristina ni a Mariluz ni tampoco a Marta del Castillo. ¿Qué será necesario hacer para que aparezca el cadáver de Marta? Donde ellas están ahora no necesitan la justicia terrenal, pero sí su familias. No es por consuelo, que ya han alcanzado a través de la fe. Es por tranquilidad. Para que el crimen no les salga gratis a sus autores y para que otras niñas no acaben igual.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






