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SIN CONCESIONES

Procesiones en Semana Santa

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión29-03-2010

Ha llegado la Semana Santa y todos pensamos en vacaciones, días sin colegio, irnos a la playa, tirarnos en el sofá a descansar... Llenamos la agenda de planes y proyectos que difícilmente se cumplirán porque luego nos dejamos llevar por la vida, que siempre nos tiene guardadas algunas sorpresas de lo más agradables. Hace años que procuro no hacer planes en Semana Santa porque la propia celebración de la semana grande del cristianismo está repleta de citas sagradas e ineludibles. Así que mi verdadero objetivo para estos días pasa por sentir la procesión del Cristo en mi pueblo -en verdad es el de mi mujer, pero lo siento como si casi me perteneciera-, recorrer el Vía Crucis de San Lorenzo de El Escorial con sus cuestas empinadas y el redoble nocturno de los tambores, revisionar la película La Pasión en la que Mel Gibson plasmó con minucioso detalle la muerte de Jesucristo y celebrar la Misa de Resurección en una iglesia pequeñita y oscura del pueblo de al lado. No faltan las torrijas caseras, empapadas en leche y almíbar. Con ellas, la Semana Santa sabe un poco más dulce. Cuando tomo la rebanada de pan entre mis manos, el agua acaramelada se escurre entre los dedos. Me recuerda a la esponja que el soldado romano mojó en vinagre cuando Jesús le reclamó algo de beber en lo alto de la cruz porque tenía sed. Fue lo último que tragó aquel hombre que vivió hace dos milenios y cuyo testimonio permanece vivo después de 21 siglos. Es el mismo hombre que nació en un establo de Belén y al que medio mundo rinde pleitesía cada Navidad. ¿Por qué algunos celebran cn tanta emoción la Nochebuena en la que se hizo hombre aquel niño inmaculado y luego se olvidan de cuanto le ocurrió antes y después de su muerte? La Navidad emana más alegría que la Semana Santa pero es en estas fechas cuando cobra sentido el verdadero mensaje de aquel niño al que visitaron tres Reyes Magos. Millones de españoles se echan a la calle esta Semana Santa para adorar los pasos con las vírgenes y el nazareno. Ellos son la mejor expresión de un país enormemente creyente al que algunos tratan de arrebatarle la fe a golpe de ley y ataques injustificados contra la Iglesia. Hace años que aprendí que la verdadera comunidad cristiana no son los sacerdotes, ni los obispos ni la curia vaticana. La Iglesia somos todos, los que ningún domingo faltan a la misa y los que lloran en las procesiones como en su día lo hicieron la Virgen María y María Magdalena. Quienes estas minivacaciones quieran aprender lo que realmente significa el cristianismo tienen dos fáciles oportunidades: pueden leer la Biblia para comprobar la humildad de quien se enfrentó con misericordia a una muerte injusta o pueden ver una película como La Pasión para entender el sentido que tiene el sufrimiento. También hay una tercera vía, como para casi todo. Si se quiere sentir el verdadero significado de la Semana Santa, hay que: adentrarse en una procesión, caminar paso a paso al ritmo de los tambores, aguantar en silencio el paso de las horas, entender los gestos de dolor de los costaleros, observar las miradas hacia el interior de los que rezan durante el trayecto, aguantar el frío y el cansancio como un pequeño sacrificio a quien sufrió mucho más que nosotros, escuchar la plegaria al unísono de la multitud y buscar, sobre todo, buscar. Hay que buscar a Jesucristo durante toda una semana para entender en su plenitud el misterio de la noche sagrada, la noche de la resurrección, la noche de la alegría, la noche del aleluya, la noche del comienzo de los tiempos, la noche en la que el fin de la vida es el inicio de todo.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito