ROJO SOBRE GRIS
¡Que viva!

Por Amalia Casado
3 min
Opinión28-03-2010
En mi cabeza hay una goma de borrar poderosa que se activa por las noches, cuando me duermo. Las cosas que me preocupan o me interesan durante el día con intensidad, por la noche atraviesan un proceso misterioso que las desinfla, las comprime como si fueran chatarra. Al día siguiente ocupan menos, duelen menos, brillan menos. Algunas hasta desaparecen por completo. De todo lo que me sucede, de todo lo que escucho, leo o me entero, al final sólo queda un pequeño rastro, una palabra, una experiencia muy básica y sencilla. No recuerdo datos, se me olvidan detalles, y tengo que hacer verdaderos esfuerzos para retener ciertas cosas que, al final, acaban por esfumarse de nuevo. Supongo que todo tendrá un sentido. Quizás lo que queda es la vida. Quizás esta goma de borrar contribuye a hacerme como soy de una forma misteriosa que está fuera de mi control. La verdad es que no recuerdo quién decía aquello de que cultura es aquello que queda cuando se ha olvidado todo. Entiendo, si es así, que la cultura se trasmite viviendo y se recibe viviendo, como algo que empapa todo lo que nos acontece. Estaban detrás de nosotros en la celebración del domingo de ramos. El sacerdote nos ha sacado a todos de la iglesia para comenzar la misa con la bendición de las palmas en un parque contiguo. Juan iba a hombros de su padre. Creo que tiene 3 años. En un momento de silencio ha gritado con su pronunciación perfecta: ¡Viva Jesús! Cuando volvíamos a casa, mi marido comentaba lo impresionante que es el nivel de comprensión de la realidad que tiene este niño. Juan no se acordará de lo que ha hecho dentro de unos años –quizás ni siquiera mañana- y, desde luego, no creo que sea consciente de lo que ha dicho. Pero para mí ha sido como transportarme al evangelio de hoy literalmente: eran los niños quienes gritaban en el templo “¡Hosanna al Hijo de David!” que, traducido al lenguaje de un niño de 3 años hoy no es sino lo que le ha salido arrebatado a Juan de la boca: ¡Viva Jesús! Dice Guardini que nosotros sólo vemos la apariencia, que el sentido de lo que vemos se resiste a nuestra percepción, pero que el espíritu – que no es una mera capacidad del hombre, sino algo que viene de Dios- puede penetrar en ese sentido, en lo oculto que se nos revela. “En realidad, los que mejor pueden recibir ese Espíritu son precisamente los “niños de pecho”, porque carecen de toda posibilidad de confundir ese Espíritu con los méritos del espíritu humano. Esos son los ‘pequeños’, de los que habla Jesús; son los “niños a los que pertenece el Reino de los cielos”, dice. Me gusta esa goma de borrar que por las noches trabaja en mi memoria, porque después de todo, pase lo que pase, recuerde lo que recuerde, cuanto más olvido más me sé y más me siento como Juan. Para él, porque ha enfocado sin quererlo mi próxima Semana Santa... Rojo sobre gris. ¡Que viva!
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






