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La Alicia de Burton

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión28-03-2010

He tenido la oportunidad de contemplar tres Alicias distintas. La original literaria, de Lewis Carroll, escrita a finales del siglo XIX; la adaptación de Disney que todos conocemos, de 1951; y la nueva versión de Tim Burton, que llegará a España a mediados de abril. De la primera a la segunda median casi 100 años; de la segunda a la tercera, 50. En un sentido, las adaptaciones respetan el original; en otro, revelan mentalidades radicalmente distintas. Los grandes mitos que trascienden su propia época siempre me han interesado, pues las revisiones posteriores nos hablan mucho de la mentalidad dominante en el tiempo en que uno de esos mitos es actualizado. La Alicia de Carroll era una niña pequeña muy madura para su edad, capaz a un tiempo de sorprenderse por lo que descubre en Wonderland y de juzgar con tino y criterio las realidades que allí se encuentra. Carroll, amante de las paradojas de la física, de la matemática y del lenguaje, construye una historia absurda para plantearnos cómo la lógica de las cosas no es siempre tan lógica como parece. Su objetivo: hacer reír y, sobre todo, aguijonear la inteligencia de sus coetáneos en un momento en que la fe en la ciencia y la técnica parece asolar el campo de la Fe y de la fantasía. Sin comerlo ni beberlo, fue aplaudido como precursor del surrealismo y de la literatura del absurdo. Walt Disney se obsesionó con el personaje de Alicia desde que empezó en el cine, pero sólo pudo plasmar su sueño en el año 1951. Aunque el proyecto cambió de manos demasiadas veces -la película se resiente de ello-, fue una proeza de la animación de entonces, en su combinación de música y espectáculo visual. Sin embargo, Disney no supo ni captar el sentido original de Carroll, ni plantear una alternativa significativa. La película resulta una suma de episodios que, lejos de provocar risa o de suscitar paradojas, convierten Wonderland en algo absurdo de verdad: poderoso, pero sin poesía. Alicia se convierte en prototipo de niña superficial y consentida, que rechaza atender las lecciones de Historia y sueña con un mundo donde todo fuera al revés. Wonderland será ese mundo que, lejos de resultar atractivo, se convierte en una pesadilla terrible de la que Alicia sale huyendo, no sin antes haber llorado desconsoladamente no por haber hecho caso a los mayores y de arrepentirse de su comportamiento pasado. Burton nos regala una revisión, a mi juicio, más sensata y, a pesar de situar la acción cuando Alicia ha cumplido ya la mayoría de edad, su propuesta resulta mas sensata y, quizá, más respetuosa con el original. No se la pierdan y juzguen ustedes mismos cuánto hemos cambiado en los últimos 50 años. En todo caso, las tres Alicias coinciden en una misma cosa: Wonderland nos proporciona esa catarsis que nos invita a edificar, en nuestro día a día cotidiano, ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach