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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Cómo se hace una torrija

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad21-03-2010

Saber cómo se hace una torrija no va a arreglar el mundo, ni eliminar la crisis, pero sin duda contribuye a convertir a quien se aventura a ser un cocinilla en una persona mejor, pues se ejecita la paciencia, toda una aventura virtuosa en estas épocas de prisas. La Semana Santa es momento, por qué no, de detener el tiempo y relajarse por ejemplo haciendo torrijas. Cocinando uno puede rememorar la magna historia de amor de la que fue protagonista Ése que está en la cruz -y que luego, resulta, resucitó-. Así, para hacer una torrija primero hay que ponerse en situación, uno no está poniendo la lavadora en el programa corto, ni se dispone a ver una comedia romántica en el sofá, ni tampoco va a construir el canal de Suez o está preparándose para participar en un programa espacial. Una torrija es una torrija, así, que para ello habrá que conocer bien qué hay que hacer, preparar el camino. Sirve mucho que la receta sea heredada de la tía, la abuela o la madre, pero también funciona la táctica autodidacta o la mixta. Ésta suele ser la mejor, pues las torrijas de la suegra nunca serán como la de la madre (para bien o para mal), pero también uno será mañana suegra o suegro y tedrá competencia. Así, que el futuro está en juego, que es mucho decir. Una vez con la receta en posesión, hay que ultimar los ingredientes, verbigracia: leche, cáscara de limón o naranja limpios, azúcar, canela, aceite, pan -normal- del día anterior, huevos, miel y agua. El paso siguente es ponerse en capilla, como los toreros. Aquí la faena no dura precisamente diez minutos. Hay que dedicar tiempo a las torrijas. Y paciencia, mucha paciencia. Suena el clarín y uno se prepara para el paseíllo: las manos limpias, muy limpias -como debiera estar el alma-, y las veces que haga falta. Después, se calienta la leche, con unas cucharadas de azúcar, las cáscaras y la canela. Cuando hierva se retira y se deja enfriar, con paciencia, mucha paciencia. Cuando esté prácticamente fría, se pone el pan a remojo. Cuidadito, porque si la leche está caliente el pan se deshará, y lo que se quiere hacer son torrijas, no hormigón armado, que está muy mal visto eso de la construcción... Llega otro momento clave, se pone abundante aceite a calentar mientras se escurre la leche del pan y se reboza en huevo batido. Señores, ¡hay que pringase! Se pone la torrija en la mano, se presiona con la otra para quitar el sobrante y se mete en el huevo para, con mucho cuidadito -y mucha paciencia- ponerla a freír. Cuando esté dorada, se da la vuelta. Cuidado con la temperatura del aceite, que no debe ser ni muy baja ni tampoco extremadamente abrasante. Tiempo al tiempo, y... ¡paciencia! Cuando estén todas las rebanadas de pan fritas y bien escurriditas del aceite se ponen en una bandeja un poco honda. Mientras, en un recipiente, se deshace la miel en agua tibia para el almíbar, y se añade otro poquito de canela. Se cubren las torrijas con el almíbar y se dejan enfriar. Es la última ocasión que uno tiene para poner a prueba su paciencia, pues si se comen calientes, hartan más. Evidentemente, no todo sale a la primera y hay que practicar pues, aunque resulten más insípidas que las que se pueden comprar en la pastelería o les puede enviar la mamá, sería de cobardes perder una oportunidad así de darse un tiempo, poner a prueba la paciencia y, si cuela, rezar un padrenuestro, que entre torrija y torrija tiempo da sin que provoque una reacción alérgica al cocinero. Y hasta aquí la receta. Buen provecho para esta Semana Santa.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

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