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SIN CONCESIONES

Los sindicatos no quieren trabajar

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión01-03-2010

He conocido y conozco a bastantes sindicalistas. Con su ejemplo, la gran mayoría de ellos me ha demostrado que pocas veces quieren trabajar. Suelen ser maestros del absentismo laboral y expertos en la dejación de responsabilidades. Casi siempre defienden sus intereses particulares antes que los de sus compañeros, por los que demócraticamente son elegidos. Pero estos políticos a pequeña escala no distan demasiado de los diputados y senadores. Una vez en el cargo, si te he visto no me acuerdo. Pero también hay sindicalistas enormemente trabajadores, solidarios con los más débiles, fieles a sus principios e incorruptibles a las habituales tentaciones de las empresas. Podría dar nombres, unos cuantos, pues además son grandísimos profesionales. Por ellos, especialmente, me duele el comportamiento egoista, tendencioso y desestabilizador de esa mayoría que dice representar a los trabajadores y que se alzan sin permiso alguno en nuestra voz. Yo no les he dado permiso y, desde luego, no se lo pienso dar mientras sigan empeñados en defender sus propios intereses. Así se comportan los dirigentes de los dos principales sindicatos de España, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo. Llevan dos años permanentemente callados mientras el número de parados se ha multiplicado por dos y ha alcanzado a más de cuatro millones de personas. No han tenido valor para decir lo que esperaban de ellos quienes se han quedado sin trabajo por culpa de esta crisis económica que el Gobierno negó hasta la saciedad, luego admitió con la boca pequeña, más tarde minimizó durante meses y desde hace tiempo da por zanjada a pesar de que la recesión no acaba y los desemplados no paran de crecer. A Méndez le puede más su carné del PSOE que la caída de afiliaciones a la Seguridad Social. Algunas voces le señalan como el verdadero ministro de Economía en la sombra, pues son más que frecuentes sus reuniones secretas en La Moncloa con Zapatero y se jacta de haber frenado desde UGT muchas reformas de las que quiso hacer Pedro Solbes. El caso de Toxo es todavía más humillante, porque no tuvo reparos en quitar la silla a su compañero José María Fidalgo y acabar así con la poca independencia que le quedaba a CCOO. Fidalgo no ha dejado de decir en público lo que piensa de esta crisis, mientras Toxo baila el agua al Gobierno de Zapatero e intenta disimular con gritos y arengas propias del siglo XIX. La manifestación contra la reforma de las pensiones ha supuesto todo un fracaso para los dos grandes sindicatos. Debería darles vergüenza hablar de 75.000 personas en el centro de Madrid cuando los asistentes ni siquiera daban la vuelta a la fuente de Cibeles. Lo digo con conocimiento de causa porque yo estaba entre ellos. Protestaban enérgicamente -eran pocos pero ruidosos- para no tener que trabajar dos años más en su vida. En cambio, debe de parecerles bien que los damnificados por la crisis pasen dos años en sus casas sin empleo. Insólito. Se manifiestan para no trabajar y guardan silencio cuando no hay trabajo. El mundo al revés. No cabe otra explicación que su subordinación ideológica y económica al Gobierno de Zapatero, quien poco a poco ha incrementado las subvenciones a ambas organizaciones. La conclusión es clara: CCOO y UGT son los sindicatos del paro. Ni quieren trabajar ni quieren trabajo para los demás. Es más cómodo vivir sin hacer nada. Esto lo saben bien muchos sindicalistas.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito