ANÁLISIS DE CULTURA
El tesoro Salinger

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura01-02-2010
Afamado novelista, pero con una vida fantasmal. Escribía para sí mismo. La vida del recién fallecido J. D Salinger tuvo más repercusión por sus excentricidades que por su obra literaria. Lo último que salió a la luz fue la publicación por parte de su hija de una biografía sobre las obsesiones de su padre, autor conocido por su carácter reservado, que lo último que deseaba era que contaran “lindezas” como que el autor de El guardián entre el centeno sentía repulsión hacia su mujer embarazada o que tuviera celos de Chaplin por quitarle la novia. Se ha hablado mucho de la vida solitaria que eligió el escritor durante los últimos años de su vida. Esto ha animado a muchos investigadores curiosos a tratar de comprender mejor su afanada intención de preservar su intimidad. Algunos entienden que Salinger quería evitar las incongruencias de la realidad, conservar el deseo de la inmadurez y la fantasía hasta el fin de sus vidas, una máxima presente en sus cuentos. Otros aseguran que en el fondo se trataba de un juego del escritor para en el fondo provocar lo contrario, despertar la curiosidad ajena y “exhibirse”. Su obra estrella, El guardián entre el centeno, está considerada una de las reliquias literarias del siglo XX. Sesenta millones de ejemplares vendidos es sólo la prueba económica. Pero los más escépticos aseguran que Salinger estaba sobrevalorado como autor norteamericano, pues con el competían otros autores de la talla de Truman Capote o Norman Meiler. Y lo cierto es que desde 1965 no se ha vuelto a publicar documento alguno escrito por el autor. Pero la talla de su carrera profesional no acaba sin embargo aquí. Ahora el morbo está en descubrir todos los textos que guardaba en su morada. Y detrás, muchos oportunistas deseosos del dinero que pueden generar todos los manuscritos escondidos en su peculiar fortaleza. La grandeza del descubrimiento residiría en averiguar por qué el furioso anciano de extrañas costumbres decidió abandonarse en una granja y blindar su silencio. Un silencio poco repochable, porque Salinger era escritor, no “carne de corazón”.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






