SIN CONCESIONES
No quiero ser europeo

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión11-01-2010
Me he pasado la vida escuchando a negacionistas de toda clase. Los hay que se niegan a reconocer la monarquía, los que se niegan a admitir el cambio climático, los que no quieren ser europeos e incluso los que no quieren ser españoles. Estos últimos suelen ser pocos, pero últimamente hace mucho ruido con actos de toda clase. Queman banderas constitucionales, queman las fotos de los Reyes e incluso organizan referendos ilegales para demostrar que son muchos y luego se quedan en ínfima minoría. Por negar, los hay capaces de negar a su padre y a su madre con tal de protegerse a sí mismos, sin darse cuenta de que al atentar contra sus raíces están arremetiendo contra su propio ser. Ser español o ser europeo no es una elección. Eres lo que eres por una circunstancia vital. Naciste donde y cuando naciste. Pero esa circunstancis se convierte en parte de tu esencia. Ahora hay muchos que ensalzan su europeismo ante el inicio de la Presidencia española de la UE. Ven un acontecimiento planetario -como dijo Leire Pajín- por la coincidencia de dos liderazgos mundiales como el de Barack Obama en EE.UU. y José Luis Rodríguez Zapatero en Europa. Otros, precisamente por esta circunstancia, no quieren saber nada por vergüenza hacia quien nos representa internacionalmente. Estos últimos se equivocan. Nada tienen que ver una cosa y la otra. España preside por sí misma la UE durante el primer semestre de 2010 independientemente de quién esté al frente de su Gobierno, de igual modo que pasó con Felipe González en 1989 y con José María Aznar en 2002. Con este último en La Moncloa, también hubo quienes cargaron contra Europa e incluso trataron de boicotear la Presidencia española de la UE con una huelga general por el mero hecho de intentar perjudicar al entonces presidente. Son los mismos que aplauden ahora a Zapatero y que ven como algunos de sus adversarios hacen lo mismo que ellos hicieron antes. Son las incoherencias de la política que se dan en uno u otro bando. Yo estoy orgulloso de ser español y de pertenecer a la Unión Europea, tanto si nos gobierna Aznar o Zapatero. En 2002 no secundé la huelga general porque tenía tintes partidistas y en 2005 no hice caso a los que votaban contra la Constitución Europea para castigar al PSOE. Eran pamplinas, pamplinas y más pamplinas. La UE somos todos, algo así como Hacienda, pero con la diferencia de que no tenemos que pagarle cada año una parte de nuestros sueldos. Ya lo hace el Estado por nosotros. La UE también se parece a Hacienda en que pocos saben lo que nos aporta pero sin ella no habría muchas carreteras, no tendríamos una moneda única, no estarían abiertas las fronteras y no se darían subvenciones a determinados sectores. Lo del acontecimiento planetario de Leire Pajín es otra pamplina descomunal. Zapatero va a parecer el rey del mambo en los próximos meses gracias a sus encuentros con Obama, Sarkozy, Van Rompuy, Merkel y Ban Ki Moon, entre otros muchos. Me alegro por él porque es lo mismo que alegrarse por España y por la UE. Si fracasa, tendremos que pasarle factura cuando lleguen las elecciones. Pero para eso, por desgracia, queda bastante tiempo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






