EL REDCUADRO
Importar patriotas

Por Antonio Burgos
2 min
Opinión17-02-2002
Carlos III, aquel Borbón que fue el mejor alcalde que tuvo el Madrid de los Austrias, decidió un día en sus ideales ilustrados acabar con los bandoleros de Sierra Morena. Mandó llamar a un enciclopedista indiano que andaba por la Corte, a Pablo de Olavide, y en plan déjame que te cuente, limeño, le encargó la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, las que llevan regios nombres dieciochescos como La Carolina, La Carlota o La Luisiana. El proyecto arbitrista, tan de la mentalidad de la época, era poblar los descampados, para que la presencia de campesinos llevara hasta la sierra la ley del llano. Pablo de Olavide quería cambiar aquella copla que los bandoleros cantaban por las breñas donde Don Quijote se había ido a hacer penitencia: "El Rey mandará en el llano/que en la sierra mando yo". Olavide, que se conocía el paño, entendió que aquel proyecto no se podía hacer con españoles chapuceros. Y abrió oficinas de reclutamiento en la Baviera católica o en ese Scheleswig-Holstein que ahora escribimos "Grecia" para evitar faltas de ortografía, a fin de encontrar voluntarios para repoblar Sierra Morena. Dio a los colonos tierras, casas, aperos de labranza y una yunta de bueyes, y pronto desaparecieron los bandoleros, que no aportaron hasta un siglo más tarde, justo cuando Fernando Villalón los necesitaba para sus "Romances del 800". En cierto modo, lo de Olavide fue como una regularización de las pateras de su época. Y hasta tal punto se españolizaron aquellos inmigrantes, que acabo de mirar la guía de teléfonos de La Luisiana y aún me he encontrado varios Hans y unos cuantos Hebles, descendientes de los colonos. Al ver el apellido Muehlegg del famoso Juanito de los rojigualdos banderazos sobre los hielos de Salt Lake City, pienso que los ideales ilustrados de Olavide son la solución para el patriotismo constitucional. Más que un solo Muehlegg en Salt Lake City, necesitábamos miles de ellos sueltos por todos esos territorios más o menos históricos donde a España la llaman de mote el Estado Español... y cosas peores. Lo mal repartido que está el mundo: unos renegando de España y otros convirtiendo la meta olímpica en una jura de bandera. Para patriotismo constitucional, ni la ponencia del PP ni nada: los inmigrantes. ¿No van a solucionarle a Trillo los problemas de ardor guerrero en los cupos de soldadesca profesional? Igual podrían enseñarnos a no sentir vergüenza de ser españoles y a llevar a la práctica las obviedades que tiene que recodar Jiménez de Parga. Por eso me he alegrado mucho que se haya solucionado lo de Fátima la del Shador. A poco que se normalice su escolarización, a ésta la tenemos también dentro de poco envuelta con la bandera y quitándole el sitio a Marujita Díaz. A este paso tendremos que importar patriotas como Olavide colonos.
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Antonio Burgos
Columnista del diario ABC
Andaluz, sevillano y del Betis
** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor






