SIN CONCESIONES
A los que lloran en Navidad

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión21-12-2009
En mi familia tenemos un angelito que nos acompaña desde hace cuatro navidades. Mide unos 15 centímetros. Está vestido de rojo y sus alas son doradas. Tiene las manos unidas y en ellas porta un corazón de oro. En la Nochebuena de 2005, los primos compramos más de una docena de esas figuras y se las regalamos a toda la familia. Una por casa. Con ella recordamos a mi tía Loli y a mi abuela Pilar, a las que perdimos físicamente aquel año pero todavía nos acompañan en alma. Son nuestro ángel de la guarda. Todavía me emociona al mirarlo, a pesar de que casi ha pasado un lustro. A veces aparece alguna lágrima. No es de tristeza, sino de añoranza. Es bueno echar de menos a las personas que ya no están con nosotros. Significa que todavía las seguimos amando. Decorar la casa en Navidad es mucho más que una tradición. En el fondo, significa engalanar nuestro hogar con un motivo especial. Todos lo hacemos, aunque por distintas razones. Unos se dejan llevar por la costumbre. Otros, para sorprender a la familia. Algunos, para tratar de contentar a los Reyes Magos o Santa Claus. Y una amplísima mayoría para recordar el nacimiento del niño Jesús en un pesebre hace dos milenios. Navidad significa el día en que nació Nuestro Señor Jesucristo. Así lo establece la Real Academia de la Lengua. Con frecuencia nos olvidamos del verdadero significado de las palabras. La Navidad es para conmemorar la encarnación de Dios, para festejar la buena nueva que colmó de alegría a los pastores de Belén, para dar gracias por el mensaje de amor que trajo aquel niño, para que recordemos que todavía permanece vigente y, por lo tanto, para lo que llevemos a la práctica día tras día. No sólo en Navidad. Todos los españoles celebramos la Navidad aunque algunos quieren olvidarse de lo que realmente se conmemora cada 25 de diciembre. Quienes sólo mandan cartas para felicitar las fiestas o el año nuevo suprimen adrede cualquier referencia a la Navidad en un intento mísero de secularizar la noche más sagrada. Desde hace cuatro nochebuenas, el ángel vestido de rojo y alas doradas está presente en nuestra casa, nuestra cena y nuestro corazón. No es el único. Todos tenemos nuestro angelito para recordar a las personas que amamos. Hay quienes odian estas fechas porque les traen viejos y emotivos recuerdos que parecen imposibles de superar. A ellos y a los que rechazan el verdadero sentido de la Navidad van dedicadas estas líneas. Deberían saber que Dios y sus ancestros está junto a ellos, aunque no puedan verlos con sus propios ojos ni acariciarlos con sus manos como hacían tiempo atrás. Es bueno llorar, pero no de tristeza, sino de alegría por el tiempo que pasamos junto a ellos y por el cariño que nos entregaron. Algún día nosotros tampoco estaremos en este mundo, así que debemos dedicarnos en plenitud a los que todavía están a nuestro lado para darles nuestro amor. Tenemos que dejarles el mejor recuerdo, igual que hicieron con nosotros nuestros abuelos, nuestros padres o nuestros hermanos. Esta Navidad, cada uno de nosotros tenemos que ser ese angelito en vida para colmar de felicidad a los que amamos.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






