¿TÚ TAMBIÉN?
Luminoso Medievo

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión14-12-2009
Si decíamos que Lágrimas de Eros es una interesante exposición cuya revisión del pasado revela un gravísimo provincianismo temporal -la incapacidad de comprender más allá de unas modas intelectuales que ya ni siquiera están de moda-, otra cosa muy distinta nos presenta el museo Victoria&Albert. Si Lágrimas de Eros es una de esas exposiciones cuyo punto de vista atenta contra el sentido común y la mentalidad de los artistas sobre los que trata, la crítica de arte británica ha sabido, en este caso, popularizar lo que los estudiosos de la Historia y del Arte llevan diciendo muchos años, en contra de los prejuicios renacentistas que habían dominado hasta nuestros días. La nueva puesta en escena de los tesoros de la Edad Media y el Renacimiento supone: a) huir del prejuicio histórico de que Edad Media y Renacimiento son dos épocas histórica y artísticamente antitéticas; b) poner de manifiesto que el Renacimiento es la continuidad natural y la cumbre de todo un movimiento que, tras la caída del imperio romano, busca ofrecer una visión luminosa y confiada del papel del hombre en el mundo; y c) es capaz de sacar dichas tesis del ámbito teórico de la reflexión erudita para convencer al gran público de la mejor forma posible, que es mostrándole maravillosas piezas de arte bien contextualizadas. Lo expresa magníficamente en el El País Estrella de Diego, en el artículo Luminoso Medievo: “Los británicos no sólo tienen una escuela de pensamiento más que sólida en materia de historia del arte: poseen además unas colecciones que permiten revisar la historia de ese modo brillante en que suelen hacerlo los museos ingleses, impregnando al espectador de la necesaria reescritura del relato que, paseando por las salas, se hace indiscutible”. El valor de los tesoros acumulados es algo sobre lo que un país puede trabajar, pero es algo lento y costoso. La solidez en materias como Historia del Arte, en el mundo globalizado en que vivimos, es algo más que exigible a cualquier comisario, sea del país que sea. Si en eso los británicos nos ganan por goleada, no es porque aquí no tengamos intelectuales a su altura, sino porque carecemos de intermediarios entre eruditos y gran público o, mejor: porque esos intermediarios están demasiado ocupados en sí mismos como para entender que su trabajo consiste en estudiar más y preocuparse por la formación del público, no por sacarle el dinero. Allí donde silenciamos nuestras neurosis particulares y nos abrimos a la reflexión rigurosa, allí donde somos capaces de llevar la reflexión erudita a pie de calle, es donde construimos juntos ese lugar donde la vida se ensancha.






