ANÁLISIS DE ESPAÑA
La crisis de las ideas

Por Alejandro Requeijo
3 min
España14-07-2009
De nuevo las dos españas. Pero que nadie espere que se le hiele el corazón. Ya no. La España de Zapatero y Rajoy se divide en dos maneras de intentar solucionar los problemas. No es una fracción ideológica, que va. Aquí los ideales hace tiempo que huyeron despavoridos. No hay nada de ideológico en una Bibiana Aido. Tampoco en la Ley del aborto. Mucho menos en Leire Pajín y sus pajas mentales planetarias. Por mucho que a todo esto quieran llamarlo progresismo. Como tampoco había nada de ideológico en el España se rompe. Ni en presentar a Garzón como el coco absoluto para eludir responsabilidades y acabar apoyando a Camps por delante y por detrás. Por mucho que a eso le llamen sentido común. No lo es. Hace tiempo que la política dejó de ser el escenario en el que exponer ideas para convertirse en un mercado audiovisual en el que se venden y compran soluciones. En lugar de convencer se piden esfuerzos de fe a un electorado que ha dejado de serlo, demasiado acostumbrado a un cómodo papel de público-clientela en el que no se mira el cómo. Así, en lugar de gastar 30 minutos en explicar un proyecto es mejor emplear dos y el resto dedicarlo a desprestigiar al rival. La novedad es que ahora el problema es la crisis. Y la cosa va en serio. Por eso los españoles vuelven a pedir soluciones a sus representantes, en este caso, para llegar a fin de mes. Igual que el madridismo pide desesperado a Florentino fichajes milagrosos y millonarios para arreglar el desaguisado de años anteriores. Y da igual el cómo. No importa que con cuatro millones de parados la solución cueste 96 millones de euros. Como tampoco han importado lo que costaron los trajes o lo cohechos mientras la cosa va bien. Todo da igual mientras la pelotita entre. El fútbol no es el opio del pueblo, sino un espejo en el que la sociedad se muestra tal cual es. Y la política no es ajena. Zapatero y Rajoy llevan mucho tiempo acostumbrados a buscar victorias, si hace falta, en el último minuto y de penalti injusto. A golpe de efecto. Cada año unas elecciones y por tanto un partido que ganar. Y da igual si son europeas, municipales, autonómicas, generales o para elegir al delegado de la clase de su hijo. Aquí hay uno que tiene que ganar y, sobre todo, otro que tiene que perder. Para ello se cambian los gobiernos si es necesario, se cambia el criterio. Lo que antes eran los mejores ahora son apestados, apartados. Como el equipo que cambia de entrenador cada seis meses. Podrá ganar el derby al eterno rival, pero difícilmente ganará nada. Y a nuestros políticos hace tiempo que sólo les interesa ganar el partido clave. No existe la paciencia, ni la reflexión, ni un análisis pausado a largo plazo más allá de la siguiente cita con las urnas. Qué decir de aunar fuerzas para un proyecto común de futuro. Y en medio de todo este lío sólo hay una pregunta: ¿dónde está el límite? Es entonces cuando uno se acuerda de los principios, la ideas. En lugar de tanto clavo ardiendo, tanto parche efectista, se echan en falta referentes, bases ideológicas sólidas a las que acudir como un mapa en los momentos de extravió. Los políticos actuales han perdido el Norte y el Sur. Hoy defienden una cosa y mañana otra con tal de ganar el poder. Agonizan –y todos con ellos- en una crisis de valores y principios cuya prueba más reciente es un Parlamento europeo deshumanizado. Donde lo mismo vale un xenófobo, que una ex concursante del Gran Hermano italiano, que eurodiputados en busca de un retiro tranquilo o electos que ni siquiera creen en Europa. Y con razón. No es esto, no es esto que diría Ortega.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






