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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Zapatero, Rajoy y Florentino

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España17-05-2009

Discutir sobre quién ganó o perdió el debate con cuatro millones de parados en el horizonte se antoja cuando menos obsceno. Sobre todo cuando tanto Zapatero como Rajoy se subieron a la tribuna del hemiciclo como aquellos boxeadores famélicos se arrastraban por cuadriláteros de tercera en otros tiempos de depresión económica para darse de puñetazos a cambio de un bocadillo o cuatro perras con las que seguir tirando. La escasez de soluciones ante la crisis, la renuncia ideológica de ambos así como su nula capacidad para pensar en el largo plazo limitó el Debate sobre el Estado de la Nación a eso, una sucesión de golpes bajos. Puñetazos que, por no tener, no tuvieron ni gracia por previsibles e ineficaces. Pero a la hora de ganarse las migajas que aportan las encuestas -más o menos intencionadas- y los titulares, pegó más Zapatero. Eso no quiere decir que sus golpes fuesen mejores o peores. Simplemente que pegó más. Rajoy llegaba con algo más de moral a la cita, pero el presidente logró neutralizar el empuje de su rival anunciado medidas como el que saca conejos de una chistera o payasos de un 600. Desde eliminar las desgravaciones derivadas de la compra de una vivienda a ordenadores portátiles para todos. ¿Y cuando llegue el día en el que estas medidas se demuestren inviables? Eso ya será otra cosa. El caso ahora era aturdir al personal con una aparente (sobre) actividad ante la crisis. Y al menos eso lo consiguió Zapatero. A partir de ahí, el mundo al revés. Mientras Zapatero se aferra a un liberalismo no reconocido para salvar los muebles, Rajoy se pone a la cabeza de la defensa de los más desfavorecidos. Es lo que pasa cuando el oportunismo y la búsqueda desesperada de titulares entierran a la ideología. Lo primero que se resiente es la coherencia y prevalece la esquizofrenia política. Todo vale con tal de rebañar bajo el principio del menos malo. Y si la política se queda corta, bien valen otros escenarios. Que se lo pregunten a los leones del Congreso. Se vieron asaltados por un grupo de holligans rendidos al enésimo partido del siglo. Pan y circo de nuestros días. Dio igual que el debate continuase en el interior del Parlamento. Como si nada pasara, ellos se llevaron su foto. Luego una sonora pitada en un estadio -verdaderos parlamentos de nuestros días- hicieron el resto. Todo esto la misma semana en la que los focos terminaron por centrarse en otro presidente, Florentino Pérez, quien anunció su vuelta al cambalache patrio por todo lo grande. Quien busca un salvador acaba encontrando un amo. Y para más inri, cuando la cosa va de apretarse el cinturón, éste especula con pedir créditos a bancos por valor de 250 millones de euros. ¿Para qué? Para comprar jugadores. Lo grave es a él sí que se los darán. Porque se apoya precisamente en miles de personas a las no se les concede un céntimo para la hipoteca pero en cambio buscan alguien que les garantice su alegría futbolera semanal. Ante eso Zapatero Rajoy y los cuatro millones de parados sólo les queda seguir conformándose con las migajas. Todo muy obsceno.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio