ROJO SOBRE GRIS
En este mundo

Por Amalia Casado
2 min
Opinión26-04-2009
Hemos salido a fumar un cigarro. Era pronto. Teníamos tiempo para eso y para dar una vueltecita por los comercios de la estación de Sans, en Barcelona. Había un hombre que hurgaba en el interior de las papeleras, y se hacía con las colillas. Mi marido se le ha acercado para ofrecerle tabaco. Después hemos curioseado una tienda. Vendían libros, cassetes y DVDs del año de la pana, pero de poco valor. Cutres, diría. Ha llamado nuestra atención uno en especial: Ser, hacer, tener. Conecta con tu guerrero interior. Ni tenía una carátula llamativa, ni estaba en lugar privilegiado. Pero había muchos, muchísimos. Imposible no pararte a mirarlos. Era un paquete de tres DVDs. Se ha puesto de moda el coaching, y de eso iba la cosa: un curso en DVD para convertirte en un líder. Me resulta extraño que conviva con tanta naturalidad el desprestigio de la palabra líder con el deseo de tantos por convertirse en uno. Para mí no es un problema. Desde hace muchos años he aprendido qué es un auténtico líder y que todos estamos llamados a serlo, porque el líder verdadero es aquella persona capaz de influir positivamente en su entorno, el que se esfuerza por sacar lo mejor de los demás tratando de dar lo mejor de sí mismo. Así, cambia el mundo, lo transforma. Lo hace mejor. La definición de líder que ofrecía este curso me ha hecho pensar un ratillo: “Líder es aquel capaz de crear mundos donde los demás quieren vivir”. Suena bien. Suena bonito. Estaba a punto de preferirla a la mía, pero, como el pimiento, me ha repetido la idea con un regusto ambiguo. Me preguntaba por qué, y ahora mismo acabo de darme cuenta del motivo. Dudo que un mundo mejor sea posible sin que todos pongan algo de su parte, para empezar. El valor de las cosas es necesario descubrirlo desde dentro, participando de ello, y las apariencias desde fuera pueden engañarnos. Desde una familia hasta una institución o un grupo de amigos, por atractivas y deseables que puedan resultar, tienen problemas y dificultades. Somos imperfectos. Cometemos errores. Lo otro serían burbujas ajenas a la realidad, además de imposibles. Por otro lado, eso de crear mundos donde otros quieren vivir suena a construir mundos perfectos donde todo el mundo es feliz. Y me parece discutible tanto que eso sea posible como que la felicidad no exija y pase necesariamente por descubrir una forma de afrontar el inevitable sufrimiento, de darle sentido, y no tanto de anularlo o suprimirlo. Y, en tercer lugar, dudo que un mundo en el que no se promete la supresión del sufrimiento pero sí una actitud para afrontarlo sea atractivo a simple vista para la mayoría de las personas. Por tanto, creo que el líder no es el capaz de crear mundos donde los demás quieren vivir, sino el que ayuda a otros a querer vivir en el mundo. En éste. Y a descubrir su misión aquí. A esos, rojo sobre gris.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






