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La reinvención del clásico

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión26-04-2009

El modo en que el hombre revisa el pasado nos revela su grandeza de miras o su miopía patológica. Tiene grandeza de miras cuando es capaz de atender al pasado con ojos e inteligencia limpias, y entonces descubre en los antiguos su grandeza, su novedad, y los secretos que nuestros mayores pueden ofrecernos para iluminar el presente. Tiene miopía patológica cuando utiliza el pasado para confirmar sus prejuicios, y entonces mata toda novedad posible y entierra los secretos de nuestros mayores al manipular el sentido de sus acciones. Distinguir entre ideas y creencias, proponíamos la semana pasada. Cuando el hombre se muestra incapaz de hacerlo, nos ofrece una relectura del pasado que sólo confirma los límites de nuestro presente, matando toda posibilidad de enriquecimiento, de superación, de diálogo con los antiguos, de renovación espiritual del presente gracias al tesoro de nuestros mayores. El cine nos ofrece buenos ejemplos de grandeza de miras. Algunas recientes como Cartas desde Iwo Jima y otras no tanto, como Hotel Rwanda, El reino de los cielos y Braveheart. Pero también grandes clásicos, como Un hombre para la eternidad, Gatopardo y Tiempos modernos. La lista sería inagotable. Independientemente de su mayor o menor fidelidad a hechos históricos concretos, son obras que reflejan magistralmente una época distinta de la nuestra, con unos valores, motivaciones y héroes sorprendentes. En ellas descubrimos que los problemas del hombre son siempre los mismos, pero que los modos de enfrentarlos pueden ser muy diversos. Esa es su grandeza, y en ellas podemos descubrir claves para interpretar nuestro tiempo y enfrentarnos con valiosas armas a los retos que nos plantea el presente. El cine, lamentablemente, nos ofrece también ejemplos de cortedad de miras. No he conocido dos decepciones mayores que Troya (con el reclamo de Brad Pitt) y Alejandro Magno (protagonizada por el entonces de moda Colin Farrell). Aunque no es una revisión histórica, sino literaria, la relectura de Robinson Crusoe que nos propone Náufrago no les va a la zaga. No descarto, algún día, repasar la cortedad de miras de quienes nos ofrecen estas películas anodinas que repasan tópicos de nuestra época y olvidan la grandeza de quien supuestamente les inspiró. Pero no puedo dejar de proponerle, querido lector, que eche un vistazo a las obras originales. Disfrutará mucho más que con las versiones recientes y, además, se dará cuenta de lo manipuladores que resultan quienes nos venden que el pasado confirma los tópicos del presente. Cuando nos curamos de la miopía patológica de mirar con los ojos de nuestro tiempo, nuestra mirada y nuestra inteligencia nos abren las puertas de una creatividad inagotable donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach