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SIN CONCESIONES

Jornada contra el paro

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión26-04-2009

Se llama Araceli y debe de rondar la edad de jubilación, aunque su aspecto denota que no tiene un trabajo remunerado. Parece ama de casa pero su corazón mira más allá de la propia familia. El domingo nos dedicó unas palabras en la iglesia antes de comenzar la misa. "Me llamo Araceli y soy voluntaria", confesó nada más arrancar su alocución. Quería subrayar desde el principio que su presencia allí era totalmente desinterasada, aunque para nosotros y otros muchos ausentes tuviera máximo interés. "Colaboro con Cáritas y hoy celebramos una jornada especial de ayuda a las personas sin trabajo. Todo el dinero recaudado será para ellos", prosiguió antes de recordarnos que en España ya hay más de cuatro millones de personas en el paro. Lo sabemos por el telediario, pero también por otros muchos amigos y familiares que recientemente han perdido su empleo. Ellos necesitan nuestra ayuda. Ese era el mensaje de Araceli. Hablar de Cáritas es hablar de la mayor organización humanitaria del mundo, con más de un siglo de antigüedad y presente en más de 190 países. Su objetivo prioritario es erradicar la pobreza y ayudar a todas aquellas personas que lo necesiten. No importa su raza, su sexo, su ideología ni su credo. Como buena institución cristiana, asume que en el socorro al hermano no se puede distinguir ni siquiera por religión. Muchos cierran los ojos o se tapan los oídos para valorar la verdadera aportación de Cáritas al planeta. Sólo en España, dispone de 65.000 personas que trabajan voluntariamente para ayudar a los demás. Son muchos y a la vez muy pocos para atender las necesidades actuales de cuatro millones de parados, muchos de los cuales no tienen dinero ni siquiera para comer. Por ellos se convocó el domingo la jornada especial sobre el empleo, por ellos llenamos el cepillo con billetes y monedas. Pero la ayuda no concluye ahí. Por ellos, y por otros millones de pobres en el mundo, podemos hacernos voluntarios o aportar nuestro granito de arena de manera periódica o puntual. Cada cual, que arrime el hombro como pueda. Lo importante es ayudar. Quienes menosprecian o incomprenden la existencia de organismos como Cáritas deberían saber la enorme labor que realizan. Resulta valiosísima, por su contribución humana y por el ahorro económico que tiene para el Estado. Por desgracia, es ahora cuando muchos se dan cuenta de su verdadera aportación, cuando los más necesitados hacen largas cola en sus comedores gratuitos o acuden a las parroquias en busca de ropa y calzado. Quienes denostan la religión y persiguen a la Iglesia deberían pensar más en su contribución social, espiritual y educativa. Deberían pensar en personas como Araceli, más preocupada por las consecuencias de la crisis que el propio Gobierno de España. Ninguna de las medidas tomadas hasta ahora desde la política ha solucionado el drama al que se enfrentan muchos desempleados. Los ministros parecen más interesados en hacerse fotografías que en reflotar la economía. En realidad, es gente como Araceli la que resuelve las necesidades básicas de miles de personas. Gracias a su trabajo voluntario y a los donativos de los que aún tenemos un empleo, la red nacional de Cáritas puede aminorar la carga que para muchos tiene la crisis.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito