PUNTOS DE DEBATE
Internet y la crisis económica

Por Elías Said
3 min
Opinión26-04-2009
En estos momentos en que todos los países y gobiernos buscan la fórmula mágica que les permita superar la crisis económica mundial, no sólo se hacen llamados para el trabajo colaborativo de todos los actores sociales en torno a este objetivo, sino que también se han venido tomando en cada país medidas económicas y fiscales con nuevos controles económicos que reduzcan el gasto público. Hemos visto a Obama recortando los bonos de los altos ejecutivos de las empresas en Estados Unidos que habían solicitado apoyo por estar en ¨crisis¨ mientras viajan en aviones privados, así como establecer topes salariales a los altos cargos de esta administración. En España, se ha venido buscando, de forma temerosa, mecanismos de estímulo al sector económico para evitar una contracción aún mayor sin lograr hasta ahora frenar la escalada de despidos que hoy llega a más de 4 millones de trabajadores. Mientras que, en el resto del mundo, cada uno toma medidas similares o más originales. Tal es el caso de Venezuela, donde entre sus medidas está el recorte de los gastos suntuarios. Del listado de actividades de lujo que considera el Estado venezolano está algo que me llama poderosamente la atención: el uso de Internet. Mientras unos avanzan en el diseño de estrategias que buscan salir de la crisis económica sin comprometer el desarrollo del país, la medida venezolana parece dirigirse en el sentido contrario, reduciendo oportunidades de desarrollo social, limitando la aplicación de las TICs y el uso de Internet como espacio de comunicación e intercambio de conocimiento, al entenderlo como un gasto superfluo, en el que el chatear con los amigos y ver películas parecen ser lo único que uno hace desde la red. Nadie duda en la actualidad de la utilidad de Internet y las TICs para el desarrollo de nuestras sociedades. El reciente decreto promulgado en Venezuela hace suponer que quienes buscan ¨ahorrar¨ desean llevar este concepto hasta el mismo nivel de construcción de pensamiento crítico y de los compromisos que muchos países han hecho para el aprovechamiento de estos recursos a favor de la salud, educación, entre otros aspectos de nuestras sociedades. La decisión tomada a finales de marzo parece que cogió desprevenidos a muchos de los que residen en este país, pero nos permite apreciar lo terrible que puede ser intentar salir de la crisis con el desconocimiento, los prejuicios y los apuros como acompañantes, tal como hace suponer el decreto suscrito para la reducción de este tipo de gastos en Venezuela. Si bien todos deseamos salir de la crisis, las medidas de control que aspiramos que establezcan nuestros representantes públicos no pueden estar encaminadas a mutilar física o mentalmente a nuestras generaciones presentes y futuras, como si la salvación fuese la vuelta al pasado o ir en contra de los compromisos que otros hacen para apostar por un futuro con menos brechas sociales y digitales. Y mucho menos deben estar marcadas por las aprensiones políticas que puedan generar el convivir con ciudadanos críticos a los procesos sociales que en él se desarrollan y que parece jugar en contra del realpolitk que allí se vive.






