PUNTOS DE DEBATE
Cuando los muertos son secuestrados

Por Elías Said
2 min
Opinión12-04-2009
Aún me sigue sorprendiendo cómo la defensa de un proyecto político hace que determinados bandos secuestren a las víctimas de hechos sangrientos en un país. El pasado 11 de abril, se conmemoró en Venezuela los siete años de la masacre producida en el marco del intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez. Sin importar el color, en dicha fecha del año 2002 se produjo la matanza de Puente Llaguno, dónde simpatizantes del chavismo y opositores se encontraron en medio de un tiroteo que en lugar de demostrar la altura del discurso, nos dejó, a quiénes respetamos la democracia y el discernir en torno a un proyecto, un gran vacío e impotencia al ver cómo algunos dirimían el conflicto que desde entonces viene azotando a dicho país. A mí me enseñaron que los muertos no tienen color ni ideología, por ello no sólo habría que rendir tributo ante los inocentes y reflexionar cada uno de nosotros en torno a lo que entendemos como país, sociedad, liderazgo y democracia. Pese a esta enseñanza, un año más, los bandos involucrados en torno a esta masacre en Venezuela, siguen intentando llevarse para sí los muertos en orden a justificar sus intereses. Tal como sucedió el 11-M en Madrid, un bando en Venezuela sigue manteniendo su discurso, con el firme propósito de convertir las mil repeticiones de una verdad a medias en verdad absoluta. El chavismo conmemora esta fecha como si solamente los ángeles caídos fueran revolucionarios; mientras usa la maquinaria comunicativa del gobierno para tachar, a todos los que se les oponen, de los únicos pistoleros que generaron tal acontecimiento. Si bien es cierto que la historia la escriben los vencedores, me resulta completamente reprochable ver cómo en Venezuela o en cualquier otro país, se victimiza sólo a un bando. Creo que en siete años queda claro, al igual que en el 11-M, que lo sucedido en Venezuela en el año 2002 evidencia el origen del conflicto, pero, si algo les debemos a nuestros hijos, es luchar porque nuestros muertos no sean secuestrados por ideologías que hagan que éstos silencien su razón de ser y fundamentalmente, la causa de su fin. La Ley de la Memoria Histórica y conmemoraciones varias, en torno a tragedias que viven nuestras sociedades, no son simplemente un capricho ni la constante obsesión por recordar un pasado que a muchos no nos es grato, es, simplemente, un deber para que nuestros padres e hijos comprendan la historia desde múltiples perspectivas para que así, saquen sus propias conclusiones. A quienes creemos en lo antes expuesto, nos resulta claramente reprochable esta nueva conmemoración, ya que no sólamente tienen derecho a ser recordados a través de actos y monumentos los defensores de uno de los bandos. Cuando aprendamos esto, comenzaremos muchos de nosotros a sentir que vivimos en una sociedad más justa y que no sólo se utiliza tal calificativo en momentos puntuales: cuando hay elecciones, cuando uno de los políticos o líderes de nuestros países tratan de justificar sus acciones para convertirlas en proyectos de Estado.






