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SIN CONCESIONES

Fuera el nacionalismo

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión01-03-2009

Hay que reconocer que Zapatero es un genio de la estrategia política. Aquello que se propone suele conseguirlo. Es capaz de alcanzar lo imposible: ganar de forma inesperada las elecciones generales de 2004, desalojar a CiU de la Generalitat de Cataluña, revalidar su mandato en La Moncloa pese a la nefasta gestión, conseguir un asiento para acudir a la cumbre del G-20 y ahora arrebatar el poder al PNV en el País Vasco. Lo nunca visto Zapatero lo consigue. Cosa distinta es el precio a pagar, tanto si asume él la cuenta como si la pasa a los ciudadanos. En 2004 ganó violando la jornada de reflexión. La contraprestación en Cataluña fue un estatuto manifiestamente inconstitucional. Para repetir en La Moncloa mintió una y mil veces sobre la crisis económica. El asiento del G-20 también nos ha salido caro en favores a Francia y EEUU. Y que Patxi López pueda ser lehendakari nos ha costado aún más: una negociación con ETA, aguantar cuatro años al PCTV y tolerar que ANV esté en los ayuntamientos vascos. Zapatero no ha aprendido todavía que el fin no justifica los medios. Los gallegos se lo acaban de demostrar. Hace cuatro años arrebató el gobierno de la Xunta al Partido Popular pese a que Manuel Fraga se quedó a apenas 9.000 votos de la mayoría absoluta. No importó. Pactó con el Bloque Nacionalista Galego a cambio de cuanto le exigieron los independentistas. Ahora, los propios gallegos han votado masivamente al PP con tal de expulsar del poder a quienes desprecian a España. En el País Vasco puede conformarse por primera vez un gobierno no nacionalista. Juan José Ibarretxe puede pasar a la historia con sus planes y desafíos al estado. Euskadi lo necesita, aunque sólo sea por higiene democrática. Todos los lehendakaris han sido siempre nacionalistas. Patxi López puede ser el primero en romper esa maldita tradición. Lo tiene en su mano, pero mal haría si acepta a la desesperada los votos del PNV cuando se lo están ofreciendo PP y UPyD. Los vascos han votado cambio y eso significa desalojar del poder a quienes han mandado durante décadas. No es suficiente con cambiar la cara del lehendakari. Hace falta un cambio de políticas y de ideas. Además, es la primera oportunidad que tienen PSOE y PP de demostrar a los vascos desde las instituciones que saben gobernar y lo pueden hacer mejor que los nacionalistas. En Galicia, el popular Alberto Núñez Feijóo ha hecho desaparecer al nacionalismo de la Xunta, ha borrado en las urnas sus imposiciones lingüísticas, ha tachado sus constantes amenazas y ha acabado de un plumazo con su demagogia sectarista. El BNG vuelve a la oposición, el mismo sitio donde CiU sigue reflexionando tras dos décadas de dominio en Cataluña. El PNV puede ser el tercero. Sería una gran alegría para la solidez de la democracia y para el futuro del Estado. Los partidos nacionalistas deberían redefinir su proyecto político, abandonar sus reivindicaciones independentistas y transformarse en formaciones reivindicativas pero leales con el proyecto común que todos compartimos. Los nacionalismos de este país todavía no han asumido que son un anacronismo, un reducto del siglo XIX que por alguna extraña razón siguen dando coletazos en la España del siglo XXI. Zapatero tiene en su mano expulsarles del poder en el País Vasco. Ojalá no lo desaproveche. Llegar hasta aquí ha salido demasiado caro como para desperdiciar la primera opción -y posiblemente la única en mucho tiempo- de llevar una política sensata y constitucionalista a Euskadi.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito