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SIN CONCESIONES

Un conflicto, dos culpables

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión04-01-2009

Qué fácil resulta dividir el mundo entre buenos y malos, entre amigos y enemigos. Por desgracia, hay demasiada gente que se rige por el estás conmigo o contra mí a la hora de tejer alianzas, relaciones sociales y llevar a cabo políticas diplomáticas. La vida no suele ser tan sencilla como separar a la gente entre buenos y malos. Igual que existen los tonos grises en la gama de colores, en las acciones humanas casi nada puede clasificarse íntegramente como bueno o malo. Con el histórico enfrentamiento violento de Oriente Próximo ocurre lo mismo. Es muy fácil tachar de terroristas a los palestinos y cerrar los ojos a los ataques desproporcionados de Israel. Pero igual de sencillo resulta manifestarse en contra de los ataques del estado israelí cuando se mira hacia otro lado cada vez que los radicales de Hamas incitan a la violencia en sus discursos. Cuando hace casi tres años visité Israel, me quedé enamorado de la belleza histórica y cultural del país. En Jerusalén surgieron las tres religiones más importantes del planeta. Cristianos, judíos y musulmanes conviven en aparente normalidad en la ciudad santa. Sin armas, sin pugnas de poder, sin demagogia y sin intereses políticos de por medio, la convivencia es posible en plena calle. Una parte del problema está en los instrumentos terroristas del gobierno palestino, antes dirigido por los moderados de Al Fatah y ahora por los radicales de Hamas. Con distintos medios, persiguen el mismo camino: acabar con el estado de Israel. Cada vez que han tenido una oportunidad para lograr la independencia, la han tirado al traste. La otra parte del problema reside en la actitud vengativa de los gobernantes judíos. Con Netanyahu, con Sharom, con Olmert o quien venga. Siempre es lo mismo: ojo por ojo y diente por diente. El gobierno israelí recurre a la fuerza militar para responder al terrorismo palestino. Así, por uno u otro lado, el punto de destino siempre es el mismo porque la violencia sólo engendra más violencia. Quien viaja a Israel, aprecia enseguida que judíos y musulmanes no son tan distintos. En verdad, buena parte de culpa del conflicto la tiene la similitud de caracteres entre ambos pueblos. Palestinos e israelíes son desconfiados, vengativos, tendentes a posturas radicales y poco tolerantes. Ya no es una cuestión de ideas o de religiones, sino de odios personales. Se odian demasiado como para llegar a un acuerdo de paz definitivo. Por eso, me sorprendo cuando veo a grupos de españoles que se manifiestan en Madrid a favor de los palestinos. Gritan "No es terrorismo, es resistencia" como si el sometimiento a Israel legitimara cualquier acción violenta. Y no. Ni mucho menos están justificados los bombardeos contra edificios de Hamas por mucho que en ellos habiten líderes terroristas. Israel debería entrar en ellos y detenerlos con métodos propios del Estado de Derecho, en lugar de recurrir a la vía bélica. No hay un culpable en Oriente Próximo, sino dos.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito