SIN CONCESIONES
Cada 31 de diciembre

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión28-12-2008
Acaba el año y empieza otro. Se mezclan los recuerdos y los proyectos de futuro, los agradecimientos y los propósitos, las alegrías y las esperanzas, los hechos y los anhelos... el pasado y el futuro. Antes de dar un paso al frente, deberíamos siempre mirar atrás para saber quiénes somos, de dónde venimos, qué nos ha traído hasta este punto del camino y qué nos mueve a seguir caminando. El 31 de diciembre suele ser un día de jolgorio, festividad, amistad exacerbada y muchas borracheras. Para mí, cada final de año suele teñirse de añoranza y melancolismo por todo lo bueno que queda atrás. La felicidad por los momentos vividos se mezcla con la incertidumbre de los que esperan tras ingerir las 12 uvas que manda la tradición mientras se escuchan las campanadas de la Puerta del Sol. Las 12 uvas de este año coincidirán con 12 años de suma felicidad. Desde 1996 son varios los sueños culminados en lo personal y lo profesional. Comenzar la carrera de Periodismo supuso un cambio vital. En conocimientos, en amigos, en experiencias, en proyectos, en relaciones personales... nada fue igual desde entonces. Fundar LaSemana.es, conocer a mi mujer, trabajar en la radio y la televisión, viajar a Bosnia e Israel, cubrir varias campañas electorales, conocer La Moncloa, impartir clase en la universidad, casarme, publicar mi primer libro y finalizar mi tesis doctoral son algunos de los éxitos más llamativos. Pero no los más importantes. Nuestros mayores logros siempre están en los demás, en su corazón y en su memoria. El cariño que depositamos en ellos y la atención que les dedicamos son el mayor triunfo. Lo aprendí de muchos de mis profesores y de la inmensa mayoría de mis alumnos. Cuando me casé, sentí la imperiosa necesidad de decirles a mis padres lo agradecido que estaba por el amor y la educación que me habían dado. Pronto comprendí que lo importante no era transmitírselo, sino demostrárlo todos los días. En las clases, comprobé que al alumno se le gana más con el ejemplo y la pasión que con una deslumbrante erudición. En el trabajo, igual, con bondad y respeto se acumulan más méritos que con una ambiciosa y déspota competición. Ahora que un año concluye y otro comienza, tengo mis proyectos y sueños. En 2009 lucharé por conseguir todos ellos, los personales y los profesionales. Pero sé que la verdadera felicidad no vendrá a mí con el triunfo, sino con el trabajo bien hecho, con una mirada de agradecimiento, con el deber cumplido, con un almuerzo familiar, con un abrazo de amistad y con tantos pequeños detalles que la vida nos regala cada día. Por ellos suelo llorar cada 31 de diciembre. Porque me hicieron feliz y ya no están y porque, recién empezado el año, deseo con fuerza que se sigan repitiendo día tras día.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






