ANÁLISIS DE DEPORTES
Robo

Por Alejandro G. Nieto
2 min
Deportes28-12-2008
“ROBO”. Con esa palabra, en letras mayúsculas, en negrita y a toda página, titulaba su portada uno de los principales periódicos deportivos españoles el 12 de abril de 1996. Al Barcelona le habían arrebatado la posibilidad de alzar su primera Euroliga al no conceder una canasta a Montero en el último segundo, cuando el defensa había taponado de manera claramente irreglamentaria. Lo vieron hasta los propios hinchas del Panathinaikos, el equipo campeón. Pero, claro, a un grande de la talla de los griegos –más en aquella época– no se le podía pitar eso. Una decisión arbitral no podía dejarles sin título. Aquella portada, de triste recuerdo para el baloncesto español, habría podido repetirse, aunque con una fotografía distinta, esta misma semana. Chantal Julien, una de las árbitros de los pasados Juegos Olímpicos, ha reconocido públicamente lo que estaba en la mente de todos tras la final que perdió España de forma tan amarga. Hubo tongo. Hubo presiones para no señalar los pasos a los estadounidenses. Hubo recomendaciones para pitarles sólo las infracciones más evidentes. Hubo, en definitiva, un nuevo robo. La actuación de los árbitros en la final fue, como reconoció Julien, algo vergonzoso. La selección jugó uno de los partidos más épicos de su historia, pero los pasos no sancionados al rival y las técnicas recibidas, fruto de la indignación, acabaron con el sueño. Los jugadores españoles ni se inmutaron al conocer la noticia. Como en 1996, en el caso del Panathinaikos, Estados Unidos tenía que ganar ese oro. De sufrir otra humillación, quien sabe si las estrellas norteamericanas estarían dispuestas a volver a unos Juegos. Una pérdida de dinero semejante no podía consentirse, por lo que una simple sugerencia bastó para amarrar el favor de los árbitros. Al menos, los más perjudicados, eran conscientes de ello. Los jugadores, que al fin y al cabo son los que vieron esfumarse su gran sueño, sabían del amaño (así lo ha reconocido el propio Pau Gasol). Pero ello no calma la rabia por haber visto escaparse una oportunidad histórica. De haber ganado ese oro, el prolífico 2008 que termina, conocido ya como el año de oro del deporte español, habría sido todavía más glorioso. El baloncesto se habría unido a los éxitos del tenis, el ciclismo, el fútbol, la natación sincronizada y otros tantos deportes. Pero queda el consuelo de haber demostrado que las bases están sentadas para seguir mejorando. Los triunfos son, al fin y al cabo, consecuencia del trabajo, del sacrificio y de un entrenamiento duro y bien planificado. La selección de baloncesto, la de fútbol, Rafa Nadal, Alberto Contador, Sergio García, las sirenas de Ana Tarrés,… Todos ellos han dejado claro que, en ese sentido, las cosas se están haciendo bien. Por ello, y mientras factores externos no vuelvan a cruzarse en el camino, lo mejor debiera estar por venir.






