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RELIGIÓN

Benedicto XVI pide solidaridad para evitar la ruina del mundo

Por Tamara SantosTiempo de lectura2 min
Sociedad25-12-2008

Como cada Navidad, el Papa trae un mensaje con la celebración del nacimiento del niño Dios. Esta vez, la crisis económica, la infancia y los países en guerra han sido sus protagonistas, para concienciar a una sociedad cada vez más individualista. Como afirmó el propio Benedicto XVI, si cada uno piensa sólo en sus intereses, el mundo se encamina a la ruina.

El Papa Benedicto XVI pronunció en el balcón de la basílica de San Pedro uno de los discursos más esperados por los seguidores católicos: el mensaje de Navidad. Unos 60.000 fieles se congregaron en las inmediaciones para escuchar el mensaje que recuerda el nacimiento de Jesús y, por tanto, la llegada de la paz. Benedicto XVI comenzó haciendo una petición de solidaridad por parte de todos los hombres ya que, tal y como recordó, si cada uno piensa en sus intereses, el mundo se encamina hacia la ruina. Además, mostró su desconfianza en un futuro cada vez más incierto, incluso en los países desarrollados, incidiendo en la situación actual de crisis económica. Lugares como Kivu (Congo), Darfur (Sudan), Somalia y Zimbabue también alcanzaron protagonismo durante la Misa del Gallo, donde las guerras, especialmente la de Oriente Próximo, cobraron gran importancia. El obispo de Roma deseó la llegada de una luz divina que, a través del diálogo y la negociación, ponga fin a todas las situaciones violentas. “Pensemos en esta noche de manera particular en aquellos niños a los que se les niega el amor de los padres, a los niños de la calle que no tienen hogar, a los niños que son utilizados brutalmente como soldados y convertidos en instrumentos de violencia en lugar de ser portadores de reconciliación y paz”, con estas palabras, el Pontífice pidió por el derecho a la infancia y denunció delitos como la pornografía. A su vez, en la Basílica de la Natividad de Belén, miles de cristianos acudieron a rememorar el nacimiento de su salvador. Este hecho hizo recobrar la esperanza en Cisjordania que, desde la segunda Intifada en septiembre de 2000, no había conseguido recuperar la confianza de los fieles peregrinos. La Plaza del Pesebre se había convertido en un mercadillo de adornos navideños vendidos, sobre todo, por los árabes.

Fotografía de Tamara Santos