SIN CONCESIONES
Libertad de expresión

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión02-11-2008
La Constitución española lo reconoce claramente. Todos los españoles tienen derecho "a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". Así queda establecido en el artículo 20.1.A de la Carta Magna que los españoles aprobamos en referéndum en 1978. Yo nací a principios de aquel año, luego no voté aquel 6 de diciembre. Pero mis padres y mis abuelos lo hicieron por mí. Por eso, acato profundamente cuanto está escrito en los 169 artículos redactados por los padres de la democracia española. De todos ellos, guardo especial predilección por el artículo 20. En él se protege el derecho de información de los periodistas, así como la libertad de cátedra de los profesores universitarios. Pero, sobre todo, se salvaguarda la libertad de expresión de todos y cada uno de los ciudadanos. De todos, sin excepción, pues el título sobre los derechos fundamentales fija en su artículo 14 que somos iguales "sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social". La libertad de expresión ampara a todos los españoles, incluso a aquellos que no se sienten tales. Los terroristas de ETA tienen derecho a expresar libremente su opinión, los independentistas tienen derecho a reclamar la soberanía del País Vasco y Cataluña, los republicanos tienen derecho a exigir la derogación de la Monarquía y hasta los radicales tienen derecho a quemar la bandera de España la fotografía de los Reyes. Eso es al menos lo que sostienen cuando son detenidos y acusados en la Audiencia Nacional de injurias a la Corona. Es también lo que debe de pensar la Fiscalía cuando solicita para ellos una falta por desórdenes públicos después de haber ultrajado los símbolos nacionales y a la máxima institución del país. Sin embargo, cuando la Reina expresa libremente una opinión sobre el aborto, el matrimonio homosexual y la eutanasia recibe toda clase de críticas. A ella no se le reconoce la libertad de expresión que tienen los enemigos de España. A ella no se le respeta su derecho a hablar. A ella no se le reconoce la sabiduría, la sensatez, la cultura y la madurez acumulada durante 70 años de vida. La Reina es un ejemplo para la Humanidad. Cada cosa que hace y cada palabra que dice debería ser profundamente reflexionada y asimilada por la sociedad. Quienes se agarran a la libertad de expresión para salvarse de sus delitos ahora no reconocen ese mismo derecho a la Reina. Los Reyes no pertenecen a ningún partido político, a ningún movimiento asociativo, a ningún lobby de influencia, a ningún núclero de poder. Son los primeros defensores del país y de los ciudadanos, especialmente de aquellos que más sufren. Siempre tienen un gesto de cariño o unas frases de consuelo para las víctimas del terrorismo, de los malos tratos, de las grandes catástrofes y de cualquier clase de mal. Son los mejores embajadores de España, son un seguro de estabilidad y fortaleza interna. Hablan pocas veces pero siempre con sinceridad, con prudencia y con acierto. La Reina defiende a los homosexuales, pero rechaza que su unión conyugal sea un matrimonio. Se opone al aborto porque da prioridad a la vida del feto indefenso. Condena la eutanasia por ser un suicidio asistido, mas apoya la asistencia sanitaria hasta el momento final de la vida. También ha criticado el carácter de José María Aznar y ha elogiado la atención que Felipe González prestaba a la monarquía. Sus confesiones a la periodista Pilar Urbano son un soplo de sinceridad que deberían iluminar a nuestros gobernantes y al conjunto de los ciudadanos.
Seguir a @PabloAIglesias

Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






