ANÁLISIS DE DEPORTES
La importancia de tener una identidad

Por Alejandro G. Nieto
2 min
Deportes12-10-2008
El título de campeón de Europa ha dado a la selección española una seguridad mental que llevaba décadas buscando. La Eurocopa de Austria y Suiza demostró que, con el estilo adquirido por la Roja, equipo amante del juego raso y espectacular como pocos, se pueden conquistar campeonatos. Y eso le ha bastado al grupo que ahora dirige Vicente del Bosque para convencerse de que, siempre que aplique sus armas, puede lograr todo objetivo que se proponga. Ello quedó patente en Bélgica. Ante una selección correosa y que se adelantó muy pronto, los españoles nunca perdieron la paciencia. Desarrollaron su juego sin presión ni prisas, con la mente serena y la plena convicción de que tarde o temprano llegaría el premio. El fruto a la perseverancia de la Roja llegó, en parte, gracias a otra de las señas de identidad que caracteriza a este equipo: el carisma especial de magos del balón como Andrés Iniesta, Xavi Hernández o Cesc Fabregas. España dio la vuelta al encuentro por eso y por la efectividad de David Villa, el matador más en forma del continente a estas alturas de la temporada. Pero si el gol, ese juez a veces tan esquivo, no hubiera llegado, nada habría cambiado. Las tablas, la madurez y el carisma de esta selección quedaron de sobra patentes. Y eso es algo que, a corto plazo, será muy difícil de perder. Mientras a los más veteranos del equipo, como Xavi o Marcos Senna, les queden fuerzas, poco cambiará. Sobre todo teniendo en cuenta la inteligencia del seleccionador, siempre partidario de mantener intacto aquello que funciona. Precisamente esa identidad que España ha encontrado -tras pasar, eso sí, todo tipo de penurias- la andan buscando desesperadamente otros ilustres del continente. Francia, inmersa desde hace años en un relevo generacional que no acaba de producirse, al menos con éxito, se está complicando cada vez más su clasificación para el Mundial de 2010. Y eso que las máximas amenazas de su grupo son equipos de segundo nivel, como Rumania, Serbia y Austria. A Italia tampoco le ha funcionado como esperaba el regreso de Marcelo Lippi, el técnico que les hizo campeones del mundo, y su afición anda con la mosca detrás de la oreja. Portugal, de momento, no tiene excesivos problemas, pero su juego no acaba de convencer a la prensa. El caso más sangrante es el de la República Checa, otrora temida selección. Es penúltima en un grupo en el que apenas destaca la imprevisible Polonia. Todos ellos, caminan sin rumbo por senderos cenagosos. La actual España, gestada por Luis Aragonés y ahora alimentada por Del Bosque, puede estar satisfecha y tranquila por haber encontrado el camino correcto.






