ANÁLISIS DE ESPAÑA
La venda mejor que la herida

Por Alejandro Requeijo
3 min
España12-10-2008
Es lo que tiene ser un país garantista. En España no existe eso de la Patriot Act. O mejor dicho, te detengo porque no me gusta tu cara. O tu barba. En España no hay Guantánamo, ni se enfunda a los presos en monos naranjas. En España es posible sentar en el banquillo a 30 personas acusadas de intentar volar la Audiencia Nacional para después absolver a casi todos alegando que ni el adoctrinamiento ni la mera disposición a la violencia son suficientes para condenar. Así ha terminado en el Tribunal Supremo la historia de la operación Nova, la segunda más importante contra el terrorismo islamista después del 11-M. En la operación Nova confluyeron muchos factores. Los atentados de Atocha y una necesidad de aparentar firmeza ante una nueva amenaza. Un juez estrella como Garzón dispuesto siempre a poner su cara en los periódicos como adalid de ese objetivo. Prisas que se materializaron en una investigación que dejó mucho que desear. Basada en el trabajo de dos confidentes como Cartagena e Ismail Latrech que mostraron el sórdido mundo de corrupción y trapicheos que se mueve en esos bajos fondos de la sociedad. Alegaron ambos que nada de lo que habían soplado era cierto. Que todo fue un montaje de la Policía. La operación Nova fue una chapuza desde su gestación hasta su conclusión pasando por la instrucción y el enjuiciamiento. En las sesiones del juicio, la mitad de los acusados aseguraban ser yonkis de medio pelo que no tenían donde caerse muertos. Algunos desfallecían en las sesiones ante el tribunal, quien sabe si víctimas del sueño o de alguna de esas sustancias que no se encuentran en las farmacias. Daban pena y a simple vista parecían de todo menos una célula terrorista. No obstante, muchas veces es precisamente ese estado desesperación, unido a altas dosis e ingenuidad y facilidad para ser manipulados las que les llevan a cometer locuras como la que podía ser empotrar un camión cargado de explosivos contra la Audiencia Nacional. Aquella célula era un ejemplo de jerarquía en torno a un líder iluminado pero astuto capaz de conformar un pequeño ejército dispuesto a alcanzar la única esperanza que les queda. Esa de llegar cuanto antes y por la puerta grande al paraíso que le prometen a los muyhaidines. ¿Que era una pandilla de torpes? Sí. Pero que estaban dispuestos, también. Y eso ya debería ser suficiente. El Tribunal Supremo matizará en el grueso de su sentencia si las numerosas absoluciones que ha dictado -de los 20 que le llegaron, sólo seis han sido finalmente condenados- se debe a una simple valoración negativa de las pruebas o si se debe a todo un cambio de doctrina. De ser así, se sentaría un peligroso precedente. Distinto a cuando ilegalizó Jarrai basándose, entre otras cosas, en la disposición a integrarse en ETA. Pero sobre todo es peligroso otorgar a los asesinos libertad de movimiento hasta que decidan pasar a la acción. Se trata de una forma de limitar la actuación del Estado de Derecho en la prevención de atentados. Aunque antes debería reconocer la multitud de chapuzas en las que basó la acusación contra la operación Nova, acierta la Fiscalía al defender la prevención en lugar de esperar a que se produzca una matanza. Hay casos en los que vale más prevenir. Sobre todo al hablar de terrorismo donde a veces es demasiado tarde para curar.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






