SIN CONCESIONES
El ¬coñazo¬ de Rajoy

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión12-10-2008
Me encantan los micrófonos indiscretos de los que nadie sospecha. Están ahí, a la vista de todo el mundo, a la vez que quietos y sigilosos a la espera de un despiste. Graban todo de manera inocente, sin mala fe ni doble intención. No engañan a nadie. Son fáciles de advertir pero siempre hay algún imprudente que cae en su propia trampa. Los micrófonos indiscretos son una gran fuente de noticias. Hace poco más de cuatro años recogieron una reveladora conversación entre Zapatero y su entonces asesor económico Jordi Sevilla. "Se te nota todavía un poco inseguro, has cometido un par de errores", le espetó al entonces candidato del PSOE. "Pero lo que tú necesitas saber para esto son dos tardes". Sevilla, que no ha destacado precisamente por su valía económica en el Gobierno, corregía al líder socialista delante de las cámaras pensando que el micrófono estaba apagado. Pero funcionaba. Aquel ridículo desveló el escaso conocimiento que Zapatero tenía de la economía seis meses antes de ganar las elecciones generales de 2004. A la vista del actual incremento del paro y del estancamiento en todos los sectores puede concluirse que todavía le queda mucho por aprender. Pero el ridículo de Mariano Rajoy le ha superado aún más. Otro micrófono indiscreto, cámaras de televisión y un comentario tan sincero como inapropiado el día antes de la Fiesta Nacional de España. "Mañana (por el domingo) tengo el coñazo del desfile. En fin, un plan apasionante". Su metedura de pata puede quedar como una anécdota, pero no lo es. Denota una falta de respeto al Rey como primer mando del Ejército, al papel institucional de las Fuerzas Armadas, al sacrificio de los soldados que a diario se juegan la vida en misiones internacionales, y al compromiso de los militares que cada 12 de octubre recorren el Paseo de la Castellana de Madrid soportando el frío y la intemperie. Pedir disculpas a posteriori por su "expresión coloquial propia de una conversación de ámbito privado" no es más que reconocer el error para tratar de desviar la atención del fondo del asunto. Lo de menos es si Rajoy dijo "coñazo" o en su lugar hubiera empleado términos como "aburrido", "pesado" o "soporífero". La cuestión es que Rajoy no está a gusto en el desfile de la Fiesta Nacional. No es excusa que prefiriera no tener que madrugar y pasar la mañana con su familia. Semejante comentario resulta indigno, sobre todo procediendo de quien aspira a dirigir el Gobierno de España. Lo peor de todo es que Rajoy ha utilizado el desfile de la Fiesta Nacional en ocasiones anteriores para presumir de patriotismo. Hace sólo un año que grabó un vídeo animando a los ciudadanos a colocar la bandera española en sus casas y salir a la calle a celebrar el Día de la Hispanidad. Años atrás, recriminó a Zapatero que permaneciera sentado cuando, en el desfile, paseaba la bandera de Estados Unidos entre la de nuestros socios internacionales. En ambas ocasiones, Rajoy enarbolaba el orgullo de ser español. Lo hacía en plena precampaña de unas elecciones generales. Sin embargo, ahora que las urnas han pasado, el desfile le parece un "coñazo". A la vista de todo el mundo queda su oportunismo e incoherencia. Nada importa que el comentario perteneciera a "una conversación de ámbito privado que ha transcendido al público". Por suerte o gracias a Dios, había un micrófono abierto para enseñarnos lo que Rajoy piensa realmente de la Fiesta Nacional. Por eso me encantan los micrófonos indiscretos: porque destapan las mentiras y dejan al descubierto toda la verdad y nada más que la verdad.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






