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SIN CONCESIONES

Crisis de modelo

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión28-09-2008

Crisis. Esta es la palabra moda. Crisis económica. Crisis de valores. Crisis diplomática. Crisis nuclear. Crisis matrimonial tras las vacaciones. Todo son crisis. Vivimos en una sociedad en crisis que eleva a la máxima categoría de trascendencia las crisis mientras entierra en el olvido lo común, la normalidad, la corrección y el buen hacer. Es preferible hablar de la crisis que atraviesa un gran equipo de fútbol que de los increibles éxitos que cosecha otro modesto. La crisis convierte en noticiable lo insignificante, aunque volverá a pasar desapercibido en cuanto la crisis comience a desaparecer. El problema no es de vocabulario sino de actitud. Lo negativo casi siempre obtiene más eco social y mediático que lo positivo. La verdadera crisis no reside en emplear esta palabra. El fondo de la crisis es de modelo de sociedad. Los expertos económicos se apresuran actualmente a vaticinar el fin del capitalismo. Recuerdan el crash de 1929, que empujó al suicidio a miles de estadounidenses arruinados y que provocó una depresión mundial. Advierten de que las consecuencias de la quiebra actual de grandes bancos y empresas serán todavía peor que las de hace siete décadas. Incluso, comparan la debacle de Wall Street con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Aducen que aquel episodio cambió el contexto internacional y que este alterará por completo los principios económicos del planeta. Y puede que así sea. Pero lo cierto es que el mundo sigue siendo prácticamente el mismo que entró en el siglo XXI. El 11-S unió a todas las potencias occidentales contra Osama bin Laden, pero siete años después sigue sin aparecer el terrorista más buscado del universo. George W. Bush recabó de inmediato el apoyo de sus aliados pero poco después vio cómo le daban la espalda uno por uno hasta el punto de que sus advertencias sobre Irán y Corea del Norte se tildan de auténtica majadería desde muchos rincones. La crisis económica es, en verdad, una crisis de valores. Hay crisis de honradez entre los empresarios y banqueros que amarran sus fortunas sin pensar en las consecuencias. Hay crisis de igualdad por parte de los organismos públicos de control, que exprimen al pequeño contribuyente y abren la mano ante los colosos de la economía. Hay crisis de coherencia entre quienes culpan hoy a Bush y mañana exonerarán a Barack Obama aunque las cosas se pongan peor con él. Hay crisis de prudencia entre quienes contrataron hipotecas siendo conscientes de que no las podrían pagar. Hay crisis de responsabilidad, pues los auténticos responsables huyen a esconderse mientras echan las culpas a otros. Hay crisis de sinceridad entre quienes durante un año negaron la desaceleración económica. Hay crisis de liderazgo en los gobiernos que no toman medidas para salir de este agujero. Al margen de lo económico, hay crisis de todo. Pero en los momentos de crisis es cuando surgen las mejores oportunidades. Es cuando el ser humano se encuentra consigo mismo y cuando suele encontrar la revelación. Crisis tiene una profunda connotación negativa pero es también el momento de resurgir, de comenzar una nueva obra, de superarse a uno mismo y de forjar un carácter. Ya lo dijo Balzac: en las grandes crisis es donde el corazón se rompe o se curte.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito