ROJO SOBRE GRIS
Lo de siempre, como nunca

Por Amalia Casado
1 min
Opinión07-09-2008
Pues sí. Ya me pongo manta por las noches para dormir, otra vez. Ya es casi de noche a las nueve y media de la tarde, otra vez. Hemos vuelto al trabajo casi todos ya, y ya no sabemos qué contestar cuando, otra vez, nos preguntan qué tal las vacaciones y si hemos descansado. Lo de siempre. Otra vez a empezar. Como siempre. Pero nada es nunca lo de siempre porque todo es siempre como nunca. Duermo en la misma cama, pero ya no duermo como antes. El trozo de cielo que ahora miro es el mismo que el de ayer, pero no lo veo como antes. Vuelvo al sitio de trabajo, pero no lo hago como antes. Soy la misma, pero distinta. “Es cuestión de actitud”, me decía un amigo. ¿Y qué es la actitud? ¿La forma de comportarse ante las cosas? ¿De dirigirse a las personas? ¿Algo puramente externo y formal? ¿Pueden hacerse así nuevas las cosas que ya son viejas? Más. Más lejos. Más hondo. Hay que hurgar en los motivos. Hay que hurgar en el principio y fundamento. Hincarle los dientes al caparazón para arrancarles a las cosas el corazón. Por qué trabajo. Por qué miro el cielo. Por qué duermo. Por qué como. Por qué comparto con mis amigos. Por qué digo “te quiero” a mi padre por su cumpleaños. Por qué voy a misa. Por qué me caso. Por qué leo. Por qué me pongo triste. Por qué discuto. Por qué me peleo. Por qué hago un esfuerzo por alguien. Por qué me irrita Zapatero. Por qué soy sincero. Por qué miento. Por qué sufro. Por qué pido perdón. Por qué procuro superarme. Por qué me caigo. Por quién me levanto. Rojo sobre gris: preguntarse otra vez lo de siempre. Y responderse de nuevo, como nunca.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






