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ROJO SOBRE GRIS

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Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión01-09-2008

Vuelvo sin canas. Vuelvo con vestidos nuevos. Vuelvo con la cara más limpia, con el corazón más ancho. Vuelvo más guapa. Vuelvo con un cuaderno nuevo para escribir mi diario, con más vida vivida y sin muchas cosas extraordinarias que contar que no sean las ordinarias delicias de lo normal en lo extraordinario. Algunas son alegres; otras, tristes. Muchas pasarán al cúmulo de aparentes instantes indiferentes, pero que son, en el fondo, la argamasa con la que unimos los ladrillos de nuestra vida. Padres. Y madres. Algún día lo seré. Algún día seré el cordón umbilical que una a un nuevo ser con el mundo, si Dios quiere. Vuelvo de volver. Vuelvo de volver a mi casa, la de mis padres; de volver a su casa, la de los de mi marido. Recuerdo que a Juan José Millás le obsesionan ciertas cosas; los espejos, por ejemplo. A mí me obsesiona el hogar. Me obsesionan la distancia, la linealidad de la vida; los padres y las madres; los hermanos; me obsesiona la familia; me obsesiona el amor: ese darse. Y darse. Y darse. Y darse. Y darse... Por eso del hogar paterno se vuelve más guapo, más uno mismo, más en la realidad. Para mí, la familia es un cordón umbilical con la verdad, con la verdadera realidad. Es ese sitio en el que uno vuelve a recordar lo que merece la pena; donde uno se pregunta para qué vive, y donde uno encuentra respuestas al sentido de cada instante. Es donde uno decide que quiere amar y donde constata que nunca podrá colmar la necesidad de amor que el otro necesita, ni podrá darlo exactamente como el otro necesita, aunque su deseo sea hacerle a alguien plenamente feliz. Así se cuela Dios. Donde no llegamos, Él entra. Él cabe. Él llena y desborda. Cuando un hijo deja el hogar, es Dios mismo quien lo suple. Rojo sobre gris a quien siempre es hogar. Y se da. Y se da. Y se da... para que volvamos más... guapos.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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